El Gran Arco: de Utopía, de Thomas More a The Dispossessed, de Ursula K. Le Guin

El neologismo y el consiguiente concepto de “utopía”, creado en 1516 por Thomas More, es un verdadero hito en el pensamiento universal. Reúne afluentes del pensamiento clásico y del cristianismo y discurre por los siglos posteriores asumiendo los limos propios de cada tiempo, las aspiraciones y desilusiones de cada época, hasta llegar al presente. Ya desde su nacimiento se abre su delta con múltiples variantes, entre las que destacan, la eutopía, la distopía, la anti-utopía, la alotopía, la eucronía, la heterotopía, la ecotopía y la hiperutopía. En medio de todas estas derivaciones, algunos hay que opinan que la utopía, la raíz, muere como género, aquejada de fatiga, ingenuidad e idealismo o mera rigidez. Sin embargo, esto no es así. En la década de los 70, la escritora estadounidense Ursula K. Le Guin recoge el legado utópico y le da la vuelta de tuerca necesaria para, conservando en gran medida su pureza intrínseca, darle un nuevo soplo de vida.

En este ensayo pretendo trazar los vínculos que unen a Le Guin con la tradición clásica, a través del modelo de More, y analizar en qué medida las alteraciones hechas a este modelo, en vez de distorsionarlo y convertirlo en el reverso de la moneda –las oscuras e inquietantes distopías que parecen dominar todo el siglo XX- logra consolidarlo y darle un nuevo impulso cualitativo que lo eleva a la “alta literatura”. Previamente al salto hasta Le Guin, sin embargo, voy a establecer los vínculos de la obra de More con sus precedentes clásicos, entre otras razones porque Le Guin siempre tendrá en cuenta estos precedentes, tanto para apoyarse en ellos como para subvertirlos.

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Premier Automne

Las palabras son importantes. La elección de las palabras. La elección de la palabra precisa que no hiera, que respete. Esto no lo aprendí en toda una licenciatura de filología sino en una sola asignatura de antropología.

Creo que esta historia sin palabras nos habla de la compleja experiencia de las palabras entre el yo y el otro. Y de lo bello que es el otoño. La historia no elude lo más terrible, la muerte, que aquí cobra un significado nuevo. Porque, quizás, esta historia, realmente, trate de la muerte, y de lo necesario de llegar con ella a algún entendimiento. Mediante la palabra precisa. Aquí, la imagen precisa.

Pero lo más sorprendente ha sido la mera belleza. La emoción. El arte.

To be or not to be: the question never asked in Ishiguro’s “The Remains of the Day”

“We’ve already found one correlation no one could have thought of who wasn’t looking for a connection.”

A.S.Byatt Possession

 

Hamlet is probably Shakespeare´s most popular play and has exhaustively been studied over the centuries, being subject to an infinite range of interpretations. In very general terms, it deals with the issue of revenge and Hamlet’s hesitance to proceed with it. However, it is a much more complex work, as a great variety of side motifs enriches its dramatic purpose. Some of these are: metatheatricality; liminality; the problem of the division between the natural body and the body politic as related to the moral corruption of the State; sexual issues such as lust, fidelity, virginity, and adultery; the discordance between reality and appearance; and the nature of man and his duality: Beast and God, a topic which links with the Renaissance concept of man in the light of the writings of Montaigne and Pico de la Mirandola.

The Remains of the Day might seem falling wide off the mark from all these issues. Nevertheless, the aim of this paper is to show how Ishiguro has situated Stevens, his complex and fascinating main character, faced to a situation closely related to Hamlet’s, though a more intimate and ultimately desperate one. This situation is the aftermath of all possible action. For, what if Hamlet had finally not done anything, had chosen “not to be” and merely let things stand? What if he had preferred the deep and dreamless sleep? Would it indeed have been, as he suspected, dreamless after all? How much of himself would he have had to annihilate and thoroughly suffocate in order not to have any dreams? As Harold Bloom says “Si Hamlet hubiera permanecido pasivo después de la visita del Espectro, entonces Polonio, Ofelia, Laertes, Rosencratz, Guildenstern, Claudio, Gertrud y el propio Hamlet no hubieran muerto de muerte violenta. Todo en la obra depende de la respuesta de Hamlet al Espectro”. Another very different spectre from the past turns up in Stevens’ life to draw a response. Miss Kenton. And Stevens is spurred into undertaking a journey.

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Ursula K. Le Guin

La primera vez que supe de la existencia de Ursula K. Le Guin fue durante el último año de la Licenciatura en Filología Inglesa. Su cuento “She Unnames Them” era una de las lecturas obligatorias, y me llamó tan poderosamente la atención que me hice con el libro de cuentos en el que aparece recopilado -uno de los varios en que aparece, ahora sé-, “Buffalo Gals and other Animal Presences”.

El verano siguiente tenía hambre de fantasía y, después de releer todo el Tolkien que tengo en casa y dar un par de palos de ciego siguiendo recomendaciones fallidas, di con el ciclo de “Earthsea”. Al margen de la historia que cuenta, el mundo en que se desarrolla y los personajes que lo habitan, diré que principalmente dos cosas me fascinaron y me han convertido en una rendida admiradora de esta Gran Dama de la literatura: el tono de su voz narrativa, una sutil e inesperada mezcla de alegría y tristeza, que hace de la lectura de cualquiera de sus obras una experiencia íntima, sorprendentemente honesta y siempre enriquecedora; y su amor por las palabras, cuyo valor profundo conoce y revela, dando una enorme profundidad y trascendencia a sus textos.

Durante este último año he ido leyendo -y todavía estoy en ello- obras de sus ciclos del Ekumen -Hainish Cycle-, tanto novelas como cuentos, y de Orsinia, los Anales de la Costa Occidental y obras sueltas, así como ensayos y obra crítica. Por otra parte, suelo leer los textos que va publicando en su página oficial, que hablan tanto de literatura como de su gato Pard o de la vida en general.

En las referencias que se pueden leer sobre ella en libros especializados, en revistas o en la Red, se la suele categorizar como una escritora de Ciencia Ficción y de Fantasía, dos géneros literarios que, por desgracia, portan consigo un estigma negativo: se supone que no son High Literature, o Literatura con mayúsculas, se encuentran fuera del Canon, y son alimento de los que consumen Cultura Popular, un saco en el que cabe de todo menos la respetabilidad. Algo de veras lamentable.

Siempre he creído que la ausencia de dragones en la literatura de un país hace estragos. Sí, dragones. Me ha alegrado mucho saber -lo descubrí ayer mismo, cuando llegó al correo el último libro de Le Guin que he adquirido, “The Language of the Night”- que ella opina parecido. Dice: “Those who refuse to listen to dragons are probably doomed to spend their lives acting out the nightmares of politicians. We like to think we live in daylight, but half the world is always dark; and fantasy, like poetry, speaks the language of the night”. (Es más, cuando acabe mi Master sobre Cultura Clásica -esa sí que es respetable- y haga el Doctorado, pensaba centrarlo en el importantísimo papel que juegan los dragones en la literatura.)

Verdaderamente no comprendo por qué tiene que ser más realista la literatura ambientada en nuestro planeta que la que lo está en cualquier otro. Por otra parte, el futuro me resulta tan probable/improbable como el pasado, por no mencionar el presente. Y gracias a Dios no tengo más prejuicios contra una nave espacial que contra una cuadriga romana o un Volkswagen.

Dicho esto, regreso a los principios. She Unnames Them. Porque ahí estaba ya todo, aquel afortunado día en que lo leí.

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Clint Eastwood y el Paradigma de “Shane”

Este post es un boceto preliminar de un trabajo más amplio que estoy realizando sobre la estructura catabática de ciertas obras de arte icónicas del siglo XX. En este caso, el modelo ha sido aplicado al western Shane y a algunas películas de Clint Eastwood.

 

 

CLINT EASTWOOD Y EL PARADIGMA DE SHANE

Cuando Clint Eastwood dirigió Pale Rider en 1985, la obra fue rápidamente clasificada como un remake de Shane, el mítico western de George Stevens de 1953. Sin embargo, y según apunta Stephen McVeigh, “Pale Rider is actually de third part of a triptych of films that do consciously rework Shane “.En concreto, McVeigh se refiere a A Fistful of Dollars, 1964, de Sergio Leone, y dos westerns del propio Eastwood, High Plains Drifter, 1973, y Pale Rider. Fred Erisman añade otra obra a este tríptico dedicado a la deconstrucción del mito de Shane : la obra de 1992 Unforgiven. Por mi parte, considero que el análisis de Eastwood sobre el tema del héroe mítico del western se puede extender a Gran Torino, de 2008, como también han apuntado otros críticos como Donivan Clemens, Aaron Weiss, Jonathan Romney o Alexander Coleman en sus reseñas de la película, a la que se refieren como un western contemporáneo.

Parece un gran salto establecer los vínculos entre Shane y Gran Torino pero observando las mencionadas películas intermedias, considero que puede trazarse una línea de una a otra de modo que ambas películas se iluminen mutuamente. Más allá del tema de la “katábasis”, que explicaré en su momento, existen los suficientes rasgos comunes como para identificar en Walt Kowaltski trazas significativas del pistolero Shane.

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Azul cobalto

Uno de mis cuadros favoritos es “Mujer con parasol en un jardín”, que Pierre-Auguste Renoir pintó entre 1875-76. Esto no tiene nada de extraordinario, pues es un cuadro muy conocido. Fue una de las estrellas de la incomparable exposición que el museo Thyssen de Madrid dedicó hace unos años a los Jardines Impresionistas, figurando en la portada de su catálogo.

Los paisajes de Renoir me han parecido siempre exquisitos y maravillosos. Pero ha hecho falta que empezara yo misma a pintar para comprender por qué encontraba en ellos una cualidad única. Es el azul cobalto. Esta variedad de azul, que era un preferido de los Impresionistas, era usado sobre todo en su popular versión de pigmento sintético, desarrollado a principios del siglo XIX. Pero ningún pintor ha sabido utilizarlo tan bien como Renoir, acaso por el aprendizaje previo que tuvo cuando trabajaba en una fábrica de cerámicas en su juventud. En sus cuadros el azul cobalto aporta una intensa y a la vez fría luminosidad.

Particularmente, en el cuadro “Mujer con parasol” el azul cobalto refleja a la perfección el frescor que habita en las sombras entre los arbustos llenos de flores de un jardín a pleno sol. Y la felicidad que proporciona ese alivio. Calor. Frescor. Alivio. Felicidad.

Así que cuando estoy un poco triste, o un poco desilusionada, o, simplemente, un poco cansada de la vida, cojo el catálogo del Thyssen y miro su portada. Y el azul cobalto de Renoir alivia mi sed como la mano sin rostro de Jesús ofreciéndole agua a Ben-Hur en el recodo más arduo del camino hacia sí mismo.

Shakespeare’s Julius Caesar as a game of mirrors

During the year 1599 Shakespeare was to bring forth two high comedies, Much Ado About Nothing and As You Like It, the last of his plays dedicated to English sovereigns, Henry V, and a roman play, Julius Caesar, while probably preparing Hamlet. Though the shortest of them all and considered simple and straightforward enough so as to be chosen a typical high school reading, Julius Caesar gives rise to a series of questions that cannot easily be answered. These range from trying to decide who the true hero of the play is, Brutus or Julius Caesar, to whether the hero is a tragic one in the classic sense or not, in what way Shakespeare followed suit or fruitfully betrayed his sources, how to make a historically contextualized reading of the play in order to draw the supposedly many parallels between Rome and Elizabethan England, or the making of a comparative reading between Julius Caesar and Hamlet, as both portray the story of a victim and its killer. Furthermore, as H. Bloom points out, Brutus is difficult to characterize. In fact, his ambiguity is such that some critics have considered it to be the real theme of the play, while others have said that it is “a play about a problem: the difficulty – perhaps the impossibility – of knowing the truth of men and of history”[1]

The aim of this paper is to offer possible answers from the starting point of Shakespeare’s sources. The process is as follows: by analyzing what Shakespeare probably took to be the true facts of the real characters depicted in the play, according to his sources, and then considering how and why he adapted this “truth” to his own interests, we might reach the core of the play. At the same time I will draw parallel lines with what I consider to be a key issue to the understanding of the play: the fact that the characters of Brutus and Hamlet were very closely linked in Shakespeare’s mind and intentions.

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