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La luz de la verdad

Hoy en día nadie duda de que William Turner (1775-1851) sea uno de los pintores más extraordinarios de todos los tiempos, tanto por su estilo innovador y único como por su magistral técnica. Disfrutó, además, de un gran reconocimiento en vida, pese a lo cual -o quizás debido a lo cual- en su última época tendía a ser retraído y procuró envolverse de secretismo, hurtarse a la mirada de los demás.
Siempre he pensado que la búsqueda de la pureza, de la esencia en libertad, de la verdad que reside en el recuerdo, da como resultado una luz peculiar, la que él fue capaz de plasmar en sus cuadros, sobre todo en aquellos que consideraba inacabados, aunque acaso no lo estuvieran en realidad, sólo para el ojo de los otros, al cual había que hacer concesiones previas a la exposíción de las obras.
He aquí ese misterio que no se logra explicar pero en el que no se puede sino creer.
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Norham Castle: Dawn, 1835-1840

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Probando, probando…

El sábado pasado recogí mi flamante Specialized Stumpjumper Comp 2008 y el domingo a mediodía salí a probarla. Hubiera querido llevarla a Ucieda pero había que hacer demasiados ajustes como para irse demasiado lejos así que Rafa -mi querido mecánico- y yo decidimos dar una vuelta hasta el faro de Santander y volver, en total y costeando unos 30km y pico.
Mientras le esperaba estuve ajustando la posición del sillín y aflojando un poco los pedales -por cierto, no tengo los Crankbrother que vienen con la bici sino que hice poner unos Shimano mixtos A530- e intentando acostrumbrarme al cambio Sram, distinto del Shimano que tenía en la BH, y cuando él llego y a poco que empezamos a andar fuimos comentando el ajuste de la horquilla y el amortiguador trasero.
Sin duda es esta una bici tan buena como dicen todos los comparativos y foros que he consultado. Y no es sólo que, para sus características, es una bici muy ligera, no llegando a 12.5kgr equipada al completo, sino que su geometría es comodísima, tanto para subir como para bajar. Ya me imagino haciendo alguna de las rutas que llamamos épicas, de las que no bajan de 80km de montaña, sin que se me cargue ni la espalda ni las muñecas ni nada. Por otra parte ambas amortiguaciones responden maravillosamente y se pueden afinar en el rebote con una precisión que no había imaginado. Y el Propedal es increíble, no he notado que contaminara nada la pedalada, si acaso mínimamente con el plato pequeño, y, sin embargo, dibuja con exactitud el terreno, de modo que no se pierde nada de tracción.
Otro de los puntos fuertes de la bici son sus frenos Avid Juice 5, disco de 180 en la rueda delantera y 160 en la trasera.
El conjunto de todos sus componentes, y eso que ha sido apenas eso, una prueba, funciona de forma impecable. He sentido que esta bici era como de otro mundo, concebida para adaptarse a cualquier terreno en cualquier circunstancia. Tanto en los tramos de carretera, en que la llevé completamente bloqueada, como si fuera una rígida, como en las bajadas y subidas bruscas y escalonadas típicas de la costa, puros saltos de roca viva, tramos que antes había abordado con inseguridad o bajándome de la bici directamente, no tuve ningún problema. La bici iba suave como el terciopelo.
¡AHORA SÍ QUE PIENSO TIRARME POR SITIOS ALUCINANTES, QUE ES LO MÁS DIVERTIDO!

Ilustrando

asilencelike.jpg Jackie Morris, posiblemente la ilustradora más fascinante del panorama actual.

La interpretación es un arte cruel. Es el arte de la invisibilidad. Quien interpreta a otros se tiende cada noche a dormir con una fiera indomable a la que se entrega, esperando que le sea benigna.

            Isabel Archer’s life, or better, what we get to know about her through her peculiar biographer, is a struggle between possibility and limitation, insight and blindness, art and life. Two discreet turning points, two uncanny lighthouses, mark her quest: the two moments when a ghost is mentioned in the text. For from the very beginning of the story we know that Isabel is, because of her personality, upbringing and sense of destiny, ready and awaiting her path to open up before her, her quest to be displayed. At first, she sets out beautifully, even fairytale-like, full of possibilities, and yet blind. Then a desire orientates her: she wants to see the ghost of Gardencourt –with all that this implies: as her cousin Ralph tells her, knowledge is necessary, in particular, experience of suffering, and of having made to suffer, to see it-. Eventually, nearing the end of the story and four years later, she indeed sees the ghost. A new direction is pointed out to her by this vision and the new, revealing knowledge it brings to her. However, as to where this direction points at, the reader is left blank. We can only hint at what her outcome will be, depending on Isabel’s double-fold nature: her opposing but in fact not contradictory tendencies, a positive desire for happiness, and a negative one for suffering. Which will be the leading force from now on? Because, which eye sees further? For Isabel has set out as if on man’s universal voyage. Her eyes are fixed both on herself and on the distant line of her horizon. As some critics have mentioned, hers is the quest for a meaningful life, for the enlargement of consciousness, for knowledge, understanding, and experience.  Continuar leyendo »

El Salto

Pues sí, al final me he decidido a dar el gran salto. Desde que volví a montar mi querida y fiel BH Expert Team Disc este pasado agosto -más de dos años sin montar en bicicleta hacen que uno se olvide del todo de juzgar las sensaciones: que si te duele el culo, que si te cansas, que si subes mal, que si olvidas la técnica en tramos difíciles, que si ya no te atreves a bajar…, y todo eso, ¿por qué?, ¿es la bici, soy yo?- lo había estado pensando, pero me sabía mal: siempre he apostado por una bici rígida con una buena horquilla bloqueable. Las doble, ¡ni verlas! Pero la evidencia -cada uno es él y sus circunstancias, y las mías no son desdeñables, habrían convencido de dejar de montar para siempre a más de uno- me ha hecho cambiar de opinión. Así que me puse a mirar dobles…, y ayer, sin ir más lejos, di el salto.
Me he comprado una Specialized Stumpjumper FSR Comp del 2008, roja para más información. Por lo que he oído por ahí no hay mejor bici para un rutero: ligera, cómoda, fiable, versátil y , además, preciosa. Eso sí, le he cambiado los pedales por unos Shimano XT pues estoy habituada a las calas Shimano y no quería cambiar. No creo que vaya a agotar en mucho tiempo la Horquilla Fox de 120 -casi me inclino por una Epic porque la horquilla me parecía demasiado-, y conoceré por fin un cambio Sram.
Espero impaciente a que el sábado que viene me la tengan preparada… Y cuando acabe los exámenes en la universidad me iré con ella a probarla donde probé en su día la BH: en los montes de Ucieda. Aún me pega la risa al recordar aquella primera vez. Recién llegada la estrené allí y a causa de las calas, que nunca antes había probado pues mi bici anterior era un hierro sin nombre, y también de mi inexperiencia en la montaña, pues nunca antes había ido, me pegué unos cuantos leñazos de esos que hacen historia. ¡Qué desesperación! Y qué apuro volver luego a casa en el tren llena de barro hasta las orejas, que ni sentarme osaba por no ponerlo todo perdido…
En fin, ya iré contando qué tal va y las rutas que me marque por Cantabria. Me gustaría mucho volver a ir haciendo, poco a poco y en cuanto arranque la primavera, las rutas del estupendo libro de José Ángel Pérez Cano, “Cantabria en bicicleta de montaña” que ya en su día probé, en solitario y con el mapita bien pinzado en los cables sobre el manillar.

Por cierto, si alguien ha probado ya la Specialized, que me lo cuente. Está invitado.

In 1975 Chinua Achebe delivered a public lecture at the University of Massachusetts entitled “An Image of Africa: Racism in Conrad’s Heart of Darkness” where he condemned Conrad’s novella as a Western literary masterpiece on the grounds of its supposed racism.

The objections Achebe made to support his accusation, and therefore to demonstrate Conrad COULD NOT have written a great work of art, ranged from his too frequent and demeaning use of the term “nigger”, to “reducing Africa to the role of props for the breakup of one petty European mind”, namely Kurtz’s, including in between the way Conrad described the Africans as a dehumanised bunch of “limbs or rolling eyes” and practically denied them the use of language. Moreover, any human link to the natives was considered disgusting, as when Marlow described the look of the dying helmsman as of “an intimate profundity… like a claim of distant kinship affirmed in a supreme moment”. Achebe interpreted it as “The black man lays a claim on the white man which is well-nigh intolerable. It is the laying of this claim which frightens and at the same time fascinates Conrad, ‘the thought of their humanity – like yours…. Ugly’.” In Achebe’s own words, “Conrad was a thoroughgoing racist”, which is the softer, printed version of what he really called him in his speech at the conference: “bloody”. Continuar leyendo »

Dos poemas para Panta

Este silencio,
blanco, ilimitado,
este silencio
del mar tranquilo, inmóvil,
que de pronto
rompen los leves caracoles
por un impulso de la calma,
¿se extiende acaso
de la tarde a la noche, se remansa
tal vez por la arenilla
de fuego,
la infinita
playa desierta,
de manera
que no acaba,
quizás,
este silencio,
nunca?“Calma”, Eliseo Diego.

En el origen fue el silencio de las jaras encendidas, los pórticos de agua, y los racimos de dátiles amargos.
Aquel fue el único momento ciertamente memorable.
Y, si la nada crece sobre el brocal de espuma de la historia, cuando las llamas se concierten bajo las bóvedas de piedra, ¿de qué valdrá asomarse al corazón metálico del tiempo?
¿Cómo agarrarse el alma el día en que las ruecas enloquezcan?
Los espinos silvestres no podrán arañar la primera palabra, ni las lluvias podrán restañar las heridas que el vapor que se eleva del miedo depositó sobre el gesto.
Porque es aquí donde nacen las arenas movedizas del olvido.
Porque es aquí, en la acidez helada del beso originario de la mujer que tiene el vientre hinchado de tristeza, donde se incuba el pájaro invisible de la desolación.
Y, sin embargo, nadie bajará hasta las norias a beber agua amarga. Nadie recordará el primer grito.
Con la primera palabra nace el miedo y, con el miedo, se incendia la hojarasca del conocimiento y del olvido.
Pero no basta con doblar la cabeza como tiernos girasoles.
No es suficiente con esparcir las brasas de la última fogata.
La primera ley está escrita sobre la corteza de los abedules y existe una medida convenida de antemano por si el cansancio llega.
Qué importa, pues, que el paisaje se rompa antes de tiempo o que zarzales rojos obstruyan las salidas a los lados.
Llega un momento en que la duda no sirve de moneda.
Llega un momento en que el silencio más dulce y más helado se escurre como un gato por el angosto tragaluz del miedo.
Y, para esa hora de las nueces arrugadas y vacías, las señales grabadas en el barro ya habrán sido borradas.
No quedará por tanto ninguna perspectiva de retorno: pues los espesos bosques de cucañas no pueden ser talados en un día.

Poema 2 de “La lentitud de los bueyes”, Julio Llamazares.

¿Seguimos jugando, Panta?

Silencio

“Well, I’m back”, había dicho Sam. Y estábamos a principios del verano… Ahora cae la nieve en alguna parte.

Hace poco un alumno tenía que escribir un texto sobre el invierno. Como no se le ocurría qué decir o pensar -qué raro- propuse que empezara intentando descubrir qué sentía al respecto. En cinco columnas, encabezadas por los cinco sentidos, debía escribir palabras, las que fuesen, que le fueran sugeridas por la idea de invierno en dos muy diferentes situaciones que yo -también- le tuve que proporcionar: el centro de la ciudad un viernes por la tarde en vacaciones de Navidad y un solitario paisaje nevado. En esta segunda localización dejó la columna del oido en blanco. Me costó convencerle de que el silencio, la ausencia de sonido, es en sí mismo una forma de sonido, y harto elocuente, además. Cuando luego escribió su ejercicio -para lo cual le di un contexto, un personaje y un muy esquemático argumento lineal-, obligado a emplear por lo menos dos palabras de cada “sentido”, de las cuales una de cada situación, ciudad y paisaje, acabó por confesar que la palabra “silencio” era la que mejor describía para él el invierno. Había alcanzado una verdad y, lo que es más importante, había logrado formularla con palabras. Se marchó muy contento con su texto. Yo también me alegraba.

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Sin embargo, en su siguiente clase me contó que su profesora en el instituto le había dicho que lo que había escrito no tenía nada que ver con el invierno, que tendría que haber hablado más de la Navidad, del esquí y de si le gusta o no pasar frío en la parada del autobus escolar a las ocho de la mañana. En los ojos de mi alumno había un cierto brillo de resentimiento: yo le había llevado por un camino que no era el correcto. Y él de ninguna de las maneras desea apartarse de los cauces: va raspado en la asignatura de lengua. Ya se está viendo en verano, cuando luce pleno el sol, recluído en el silencio de su habitación delante de un libro. Y como a mí no me gusta jugar con la vida de los otros, he decidido limitarme a enseñarle a hacer esquemas, y cuando tiene que escribir un texto le corrijo tan solo la ortografía. Lo del estilo, que quede para los expertos o, en su defecto, el funcionariado.

Creo que a esa profesora lo que realmente le molestó fue el silencio. El silencio del invierno..

En este blog ha habido silencio durante casi seis meses. Sentía necesidad de silencio, pero uno de veras prolongado, hondo, para nadar en él profundamente en busca de mis propios secretos. Mi vida se había vuelto demasiado agitada y me disgustaba. Empezaba a hacer cosas que en realidad no quería. Y el hecho de que fuera verano no facilitaba las cosas. Así que he estado esperando. He visto llegar e irse la luz del otoño. Mientras, como no puedo evitar ser una persona activa, he estado aprendiendo a crear sin palabras, pintando acuarelas -el paisaje de arriba no es mío, pero es lo que he estado buscando-. Pintando acuarelas en silencio. Pintando el silencio.

Ha sido como dar un paseo, coger un desvío, perderse, vagar sin rumbo una temporada, reconocer -recordar- un perfil lejano y dirigirse despacio, con un nuevo paso, hacia él.snowcrocus.jpg

Mientras tanto, ha llegado el invierno.  

Integración

El otro día me pasó una cosa curiosa. Esperaba a que abrieran el videoclub para devolver una película que había alquilado y como tardaban decidí tomarme un café en el bar de al lado.

Allí estaba Casio, el enterrador.

Antes de proseguir diré que el pueblo donde vivo, Soto de la Marina, en las afueras de Santander, es el típico núcleo de población rural que ha sido invadido por urbanizaciones, convirtiéndose en una pequeña ciudad dormitorio. Al estar en la costa está muy cotizado y la población que ha venido a sumarse a lo que eran unos pocos ganaderos y agricultores con fincas de toda la vida, es sobre todo de profesionales de clase media alta con un pequeño jardín. Un particular abismo separa a los unos de los otros de modo que el contacto entre ambos grupos es escaso, aunque las vidas discurran paralelas. Es decir, todos nos encontramos en los tres bares, en la carnicería, en el quiosco y los que van a la iglesia, pues allí. Hace diez años que vivo aquí -el cómo llegué es una larga historia- y si añadimos a eso mi aspecto de guiri se deduce fácilmente que de ninguna manera cuelo por una lugareña.  

Sin embargo, el otro día, cuando fui a pagar el café la camarera me dijo que el enterrador me había invitado.

A Casio le conozco de vista y de un hola-hola cortés desde que llegué, pues el cementerio está justo detrás de mi urbanización. Sorprendida, me acerqué a él a darle las gracias. Él contestó algo casi ininteligible -es muy mayor y casi no tiene dientes- y yo salí del bar. Como los del dichoso videoclub aún no habían llegado, me apoyé en la puerta a esperar mientras hojeaba un comic que le había comprado a mi hijo. En esto salió Casio y se paró delante de mí.

Empezó preguntándome por mis padre, que qué tal estaban. Le dije que bien, aunque me chocó pues mi padre murió hace años y jamás puso un pie en este pueblo. Pero en fin. Luego me preguntó por mi hermana. Aquello ya me pareció demasiado, teniendo en cuenta que soy hija única. No poco me costó que aquel buen hombre comprendiera que no hablaba con quien él creía y con quien, está claro, hacía años que me confundía. Tras darme minuciosos detalles sobre mi doble a modo de justificación, derivó hacia lo suyo, es decir, a explicarme cómo hay mármoles mejores y peores, que se pican o no de moho, y cuál es el que él recomienda para un nicho y cuál para un tumba corriente. Un poco incómoda pero siempre sonriente, aproveché un breve lapsus para abrirme.

Una vez en casa empecé a pensar en este asunto, en lo agradable que me había parecido que alguien del pueblo me invitara, aunque fuera el enterrador, y en que todo se debía a una lamentable confusión. No sólo no me sentí integrada sino invasora, pues ahora los de fuera somos mayoría y además jóvenes, mientras que los de aquí de siempre se van haciendo ancianos o se marchan. Semejante destino es irrevocable. Y cuando los de aquí desaparezcan del todo, el pueblo perderá su identidad.

Pero ahí no ha quedado la cosa. Esta mañana paré de nuevo en el bar, con una amiga que tampoco es de aquí aunque también vive aquí. Yo entré primero mientras ella hacía una gestión en el banco. Vi a Casio y, como es mi costumbre, le saludé. Luego vino mi amiga. Al poco Casio se marchó. Cuando fuimos a pagar descubrí que mi café, de nuevo, estaba pagado.

Y esto, ¿significará lo que yo creo?  

De blog en blog y tiro porque me toca, que para eso es domingo y estamos en vacaciones -para mí relativas, esa es la servidumbre de no ser funcionaria de la educación-, aprovechando que está nublado aquí en Cantabria -hace, de hecho, un verano genuinamente cántabro- y que mi casa los domingos pasa de fregoteados, me he puesto a navegar un poquito por la ribera hachetemelénica y he descubiertos alguna cosilla muy interesante y útil -sobre todo útil- sobre mí -los domingos ejercito la vanidad- que pienso chivaros para que me conozcais todos mejos -se nota, lo de la vanidad-.

Empezaré diciendo que yo soy Légolas. Aunque, en realidad, no me llamo así sino Eámanë Lúinwë, alias Bramblerose Tightfield of Tookbank. Sorprendidos, ¿verdad? Tan extraordinarios orígenes, sin embargo, no me han hecho un ser excepcional, más bien al contrario, pues resulta que soy 74%adicta a la blogosfera, lo cual no sé si tendrá algo que ver con que sólo tengo un 36% de posibilidades de sobrevivir a un apocalipsis zombie.

Por supuesto, el resto de la mañana lo he dedicado a… ¿bloguear, construirme un refugio antizombies, intentar regresar a la Tierra Media?

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