Probando, probando…

El sábado pasado recogí mi flamante Specialized Stumpjumper Comp 2008 y el domingo a mediodía salí a probarla. Hubiera querido llevarla a Ucieda pero había que hacer demasiados ajustes como para irse demasiado lejos así que Rafa -mi querido mecánico- y yo decidimos dar una vuelta hasta el faro de Santander y volver, en total y costeando unos 30km y pico.
Mientras le esperaba estuve ajustando la posición del sillín y aflojando un poco los pedales -por cierto, no tengo los Crankbrother que vienen con la bici sino que hice poner unos Shimano mixtos A530- e intentando acostrumbrarme al cambio Sram, distinto del Shimano que tenía en la BH, y cuando él llego y a poco que empezamos a andar fuimos comentando el ajuste de la horquilla y el amortiguador trasero.
Sin duda es esta una bici tan buena como dicen todos los comparativos y foros que he consultado. Y no es sólo que, para sus características, es una bici muy ligera, no llegando a 12.5kgr equipada al completo, sino que su geometría es comodísima, tanto para subir como para bajar. Ya me imagino haciendo alguna de las rutas que llamamos épicas, de las que no bajan de 80km de montaña, sin que se me cargue ni la espalda ni las muñecas ni nada. Por otra parte ambas amortiguaciones responden maravillosamente y se pueden afinar en el rebote con una precisión que no había imaginado. Y el Propedal es increíble, no he notado que contaminara nada la pedalada, si acaso mínimamente con el plato pequeño, y, sin embargo, dibuja con exactitud el terreno, de modo que no se pierde nada de tracción.
Otro de los puntos fuertes de la bici son sus frenos Avid Juice 5, disco de 180 en la rueda delantera y 160 en la trasera.
El conjunto de todos sus componentes, y eso que ha sido apenas eso, una prueba, funciona de forma impecable. He sentido que esta bici era como de otro mundo, concebida para adaptarse a cualquier terreno en cualquier circunstancia. Tanto en los tramos de carretera, en que la llevé completamente bloqueada, como si fuera una rígida, como en las bajadas y subidas bruscas y escalonadas típicas de la costa, puros saltos de roca viva, tramos que antes había abordado con inseguridad o bajándome de la bici directamente, no tuve ningún problema. La bici iba suave como el terciopelo.
¡AHORA SÍ QUE PIENSO TIRARME POR SITIOS ALUCINANTES, QUE ES LO MÁS DIVERTIDO!

El Salto

Pues sí, al final me he decidido a dar el gran salto. Desde que volví a montar mi querida y fiel BH Expert Team Disc este pasado agosto -más de dos años sin montar en bicicleta hacen que uno se olvide del todo de juzgar las sensaciones: que si te duele el culo, que si te cansas, que si subes mal, que si olvidas la técnica en tramos difíciles, que si ya no te atreves a bajar…, y todo eso, ¿por qué?, ¿es la bici, soy yo?- lo había estado pensando, pero me sabía mal: siempre he apostado por una bici rígida con una buena horquilla bloqueable. Las doble, ¡ni verlas! Pero la evidencia -cada uno es él y sus circunstancias, y las mías no son desdeñables, habrían convencido de dejar de montar para siempre a más de uno- me ha hecho cambiar de opinión. Así que me puse a mirar dobles…, y ayer, sin ir más lejos, di el salto.
Me he comprado una Specialized Stumpjumper FSR Comp del 2008, roja para más información. Por lo que he oído por ahí no hay mejor bici para un rutero: ligera, cómoda, fiable, versátil y , además, preciosa. Eso sí, le he cambiado los pedales por unos Shimano XT pues estoy habituada a las calas Shimano y no quería cambiar. No creo que vaya a agotar en mucho tiempo la Horquilla Fox de 120 -casi me inclino por una Epic porque la horquilla me parecía demasiado-, y conoceré por fin un cambio Sram.
Espero impaciente a que el sábado que viene me la tengan preparada… Y cuando acabe los exámenes en la universidad me iré con ella a probarla donde probé en su día la BH: en los montes de Ucieda. Aún me pega la risa al recordar aquella primera vez. Recién llegada la estrené allí y a causa de las calas, que nunca antes había probado pues mi bici anterior era un hierro sin nombre, y también de mi inexperiencia en la montaña, pues nunca antes había ido, me pegué unos cuantos leñazos de esos que hacen historia. ¡Qué desesperación! Y qué apuro volver luego a casa en el tren llena de barro hasta las orejas, que ni sentarme osaba por no ponerlo todo perdido…
En fin, ya iré contando qué tal va y las rutas que me marque por Cantabria. Me gustaría mucho volver a ir haciendo, poco a poco y en cuanto arranque la primavera, las rutas del estupendo libro de José Ángel Pérez Cano, “Cantabria en bicicleta de montaña” que ya en su día probé, en solitario y con el mapita bien pinzado en los cables sobre el manillar.

Por cierto, si alguien ha probado ya la Specialized, que me lo cuente. Está invitado.

Primera aventura épica

          Todo empezó el día en que Rafa me llevó a conocer el Puerto de Palombera, quizás el más bello de Cantabria. Está en la carretera que va de Cabezón de la Sal a Reinosa y atraviesa el parque natural (es una reserva de caza) Saja-Besaya. Ibamos en coche. Rafa me contaba cómo había subido ese largo puerto, de 1257m. de altitud, en bicicleta varias veces. El es un gran deportista y de aquella tenía aún la Conor vieja. Yo tenía un hierro sin nombre que había comprado hacía poco de segunda mano, pero como era una grandísima sedentaria -apenas si hacía alguna ruta de andar- aquello me parecía una proeza. Cuando empezamos a bajar al otro lado del puerto, él me picó y yo respondí: iríamos al día siguiente a subirlo desde el lado de Reinosa, que serán sólo unos 4.5km. de ascenso, y luego tiraríamos hasta Cabezón a coger el tren.

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