Cosas que hacer un domingo nublado por la mañana

De blog en blog y tiro porque me toca, que para eso es domingo y estamos en vacaciones -para mí relativas, esa es la servidumbre de no ser funcionaria de la educación-, aprovechando que está nublado aquí en Cantabria -hace, de hecho, un verano genuinamente cántabro- y que mi casa los domingos pasa de fregoteados, me he puesto a navegar un poquito por la ribera hachetemelénica y he descubiertos alguna cosilla muy interesante y útil -sobre todo útil- sobre mí -los domingos ejercito la vanidad- que pienso chivaros para que me conozcais todos mejos -se nota, lo de la vanidad-.

Empezaré diciendo que yo soy Légolas. Aunque, en realidad, no me llamo así sino Eámanë Lúinwë, alias Bramblerose Tightfield of Tookbank. Sorprendidos, ¿verdad? Tan extraordinarios orígenes, sin embargo, no me han hecho un ser excepcional, más bien al contrario, pues resulta que soy 74%adicta a la blogosfera, lo cual no sé si tendrá algo que ver con que sólo tengo un 36% de posibilidades de sobrevivir a un apocalipsis zombie.

Por supuesto, el resto de la mañana lo he dedicado a… ¿bloguear, construirme un refugio antizombies, intentar regresar a la Tierra Media?

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Tirando del hilo del magnífico Cienpalabras llegué a Narrador.es, una joven web con vocación, entre otras, de servir de plataforma a nuevos escritores y facilitar su difusión, tarea de gran mérito y dificultad y que, como cualquier apuesta por la creación actual, no está exenta de riesgos. Incidiré especialmente en este último punto al tiempo que anuncio que, habiendome pedido una colaboración, este próximo jueves 21 saldrá publicado mi relato La Sirenita en esta web. Supongo que tras mi post anterior no se interpretará el deseo de un escritor de ser leído como pura vanidad, aunque también haya algo de ella en cualquier creación, por no decir en el mero hecho de mantener un blog. Ahora, y una vez dicho que el cielo es azul, fijémonos en las infinitamente variables formas de las nubes.

Leyendo blogs

          La blogosfera, mar hachetemelénico o como se le quiera llamar, es un ámbito fascinante y mucho me gusta seguirle el rastro a los tan variados hilos de Ariadna que lo cruzan. Te pueden llevar a encontrarte con minotauros resucitados, restos viejos de olvidadas víctimas sin deletar, algún que otro héroe moderno, sea paladín esforzado o discreto e introspectivo superviviente, también aquellos que miran desde fuera hacia el interior del laberinto y, sobre todo, mucha, muchísima vegetación.

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