Libros para hijos visuales

Las pasadas navidades le compré a mi hijo (de entonces 11 años y estudiante de 6º de primaria) un gordísimo libro de historia universal. Así dicho esto suena a barbaridad. O a que tengo un hijo superdotado. Pero no es ninguno de los dos casos. Por más que me llevo empeñando hasta ahora, a mi hijo no le divierte mucho leer, mal de muchos que en absoluto me consuela. En casa, si algo sobra, eso son libros, que hay más de mil. Bueno, y gatos quizá también, que hay cuatro. Joel, los fines de semana en que le dejo quedarse hasta tarde viendo alguna peli en la tele, cuidadosamente me quita las gafas, retira el libro abierto de mis manos y me apaga la luz cuando se va a la cama, así que ejemplo no le falta. Encima, a diario me ve estudiar. Pero él prefiere los Legos a cualquier otra cosa, y ya se está iniciando en algún juego del ordenador.
Cuando le regalé el libro el año pasado me miró con cara de “mi madre no tiene remedio pero conmigo no puede”.
Hasta ahora he esperado paciente. Y Joel, al final, ha caído. ¡Ya le gusta!
Y, ¿qué libro es ese? La editorial Alhambra Pearson tiene en el mercado unas Guías Visuales sobre temas generales maravillosamente concebidas para esa gente que de sólo pensar en el concepto “libro” ya se pone mala. Llena de fotografías espectaculares, tablas cronológicas y mapas; organizada de modo que cada dos páginas se trate un tema, que siempre tienes entero a la vista; con llamadas a lo que sucedió inmediatamente antes y después de cada momento histórico; fragmentada la información para que no existan trechos largos de texto sino muchos apartados pequeños y asequibles, a base de “bits” biográficos, sucesos puntuales y curiosidades; en fin, pensada para todos aquellos a los que les cuesta leer aunque quieran saber, ésta, y las otras obras que componen la serie de Guías Visuales, son obras muy útiles y además hermosas. Desde luego, valen la pasta que te cobran por ellas, que no es poca, por lo que se convierten en los típicos libros para regalar en estas fechas. Así y todo, creo que son buenas para cualquier época del año. De hecho, yo he me comprado este otoño una de más pequeño formato sobre Mitos y Leyendas del Mundo que me parece una joya.
Y para estas navidades ya me he hecho con la dedicada a la Tierra, que Joel, ahora en 1º de la ESO, me ha quitado de las manos. Él y algunos cuantos más de mis alumnos; alumnos, por cierto, de esos que no dan palo al agua así les den de latigazos.
El cebo, y la letra, por el ojo entran.

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Otro meme de lecturas

          Vista la manifiesta voluntariosidad de un compañero de la blogosfera educatica en su comentario a mi anterior post -yo me animo con poco, incluso en época de exámenes- propongo el siguiente meme complementario a las listas de lecturas juveniles recomendadas y las listas de lecturas favoritas de los jóvenes: Diez títulos que leerles a los niños en la cama por la noche o a los alumnos en el aula. 

          Como éste es el primer meme que lanzo no estoy muy segura de la dinámica a seguir pero se me ocurre que habría que añadirle alguna acotación, como que la edad de los niños sea inferior a diez años, y, para compensar, un amplio margen de libertad genérica (valen cuentos, novelas, poemas…) y no demasiado purismo, es decir, sirven obras adaptadas. 

          En el origen de esta idea está mi sincera preocupación por ayudar a crear lectores de forma práctica y efectiva, además de contrarrestar algunos de los perniciosos efectos de los planes oficiales de educación (esa manía de las lecturas impuestas) y de la actitud general de la sociedad, padres incluidos, hacia los niños, delegando en el colegio la mayor responsabilidad de su educación y en las maquinitas, la tele y las famosas actividades extraescolares la ocupación de su tiempo libre. Como ya he dicho en un post anterior, en los colegios inciden en el hecho de que hay que dejar solos a los alumnos, tanto para hacer deberes como para leer. Con demasiada frecuencia oigo aquello de que ya van teniendo edad de ocuparse de sus cosas, hay que fomentar la responsabilidad y procurar la madurez como actitud.  Recuerdo haber comentado con otros padres el gran cambio que se produce en nuestros hijos cuando salen de Educación Infantil e ingresan en las filas de Primaria y coincidimos en observar que, de repente, hemos “perdido” al supuesto “niño” que fue. La palabra madurez asusta y al mismo tiempo parece llenarnos de una extraña satisfacción. Y, efectivamente, dejamos solos a los niños. Y yo me pregunto, ¿qué madurez precipitada e ilusoria es esa si no la que lleva a “como un fruto maduro, caer y ser devorado”, como decía Gibran Khalil Gibran? Curiosamente, luego la vida va y se venga, aunque sea de forma indirecta: nunca antes los jóvenes adultos fueron más inmaduros, nunca antes han prolongado tanto la estancia en la casa paterna.

          En fin, ahí va mi listado. Se basa, lógicamente, en la experiencia que tengo con mi propio hijo y está, por lo tanto, adaptada a su idiosincrasia.

* El león, la bruja y el armario, de C.S.Lewis (preferiblemente si no ha visto la película)guiseppe.jpg

* ¡Qué asco de bichos!, El cocodrilo enorme y El dedo mágico, de Roald Dahl (historias en verso e historias gamberras)

* Mitos griegos, de Marcia Williams (en plan comic para que haya mucho que mirar también)

* Kazán, de James Oliver Curwood 

* El Libro Móvil de Cuentos de Fantasmas, en Ediciones Destino (con adaptaciones de cuentos de Bram Stoker, E.A.Poe y otros; incluye páginas ilustradas desplegables)

Las garras del gato fantasma, de Thomas Brezina (15 casos interactivos para pequeños detectives )                                                                                                

* El ferrocarril de Rigoberto, o cualquiera de los libros de la colección El Zoo de las Letras, de la editorial Bruño (para los más pequeños, les ayudará, además, a reconocer las letras ) 

* El hobbit, de J.R.R.Tolkien

* La isla del tesoro, de R.L.Stevenson (en versión adaptada o no)

* La historia interminable y Momo, de Michael Ende

          Si no he incluido ningún libro de Harry Potter es porque tienen demasiados diálogos que, a mi modo de ver, causan siempre problemas en una lectura en voz alta. Funcionan mil veces mejor cuando se leen para uno mismo.  

          En cuanto a cómo leer las historias más largas o complicadas, recomiendo echar mano de la improvisación para salvar cualquier obstáculo que interrumpa la fluidez de la narración: sustituir sobre la marcha palabras que consideramos no van a ser entendidas o puedan crear confusión por otras más sencillas, aligerar párrafos demasiado largos si vemos que asoma el tedio o el sueño, y, ante todo, no dar la sensación de que se está leyendo la historia sino de que se está contando, cosa muy distinta.  

El problema de la lectura.

          Está claro que existe un problema entre el contenido de las listas de lectura, como la maravillosa que ha elaborado El Tigre, y las vacilaciones manifestadas por algunos, entre los cuales me encuentro, acerca de lo posible o acertado de llevar esas obras al aula. Nadie duda de que La isla del tesoro sea una joya de la literatura juvenil y universal, y, sin embargo, se sabe que el éxito de proponerlo como lectura a un grupo genérico de adolescentes es más que dudoso. Las bondades literarias de los clásicos son indiscutibles pero abren el apetito a muy pocos. La obligatoriedad es de por sí mala política y enemiga extraliteraria encubierta del amor a los libros. Muchos de los que hemos elaborado listas y manifestamos habitualmente nuestra pasión lectora, o teníamos una inclinación innata o contamos en su día con una biblioteca y una dedicación familiar favorables, o tuvimos un encontronazo más o menos casual con ese libro en particular que estaba destinado a perdernos. Personalmente pienso que el que lleva en sí el gusanillo de la lectura y a ese bicho le cae a mano algo que comer, sea lo que sea, acabará por sentirle roer su corazón y que royendo, royendo, un día hincará el diente a un clásico.

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