W.G.Sebald y las polillas

“Especialmente inolvidable, sin embargo, me ha resultado siempre lo que Alphonso nos contó entonces sobre la vida y muerte de las polillas, y todavía hoy profeso a esas criaturas, entre todas, el mayor respeto. sebald4.jpgEn los meses más cálidos ocurre no pocas veces que alguno de esos insectos voladores nocturnos se extravíe en mi casa, viniendo del trozo de jardín que hay detrás de ella. Cuando me levanto a la mañana temprano, lo veo todavía inmóvil en algún lugar de la pared. Saben, creo yo, dijo Austerlitz, que han equivocado su camino, porque, si no se los pone otra vez fuera cuidadosamente, se mantienen inmóviles, hasta que han exhalado el último aliento, efectivamente, se quedan, sujetos por sus garras diminutas, rígidas por el espasmo de la muerte, aferrados al lugar de su desgracia hasta después de acabar su vida, hasta que un soplo de aire los suelta y los echa a un rincón polvoriento. A veces, al ver una de esas polillas que mueren en mi casa, me pregunto qué clase de miedo y de dolor sienten sin duda en el momento en que se extravían”

Austerlitz, de W.G.Sebald, ed. Anagrama, trad. M.Sáenz. Pag.96

Sin duda éste es uno de los libros más extraordinarios que he leído, y también de los más complejos, por lo refractaria que resulta su lectura, y escurridizos, por su difícil categorización. Sin embargo, si uno se entrega sin reservas a su poderosa corriente -aunque uno tema que ese gesto tenga visos de suicidio literario- el universo al que te conduce es sin duda el del más íntimo pensamiento europeo y su realidad doliente, su preciosa carga de silencio, memoria, pérdida y horror. Como dice la contraportada, esta es la historia de un viajero solitario y melancólico. Pero el comentario se queda inevitablemente corto ante este viaje en pos de uno mismo y unos elusivos orígenes en el fondo de la fosa común europea en la que todos tenemos a alguien bien cubierto de tierra.

España, condicionada por una doble periferia geográfica y espiritual respecto a Europa, y lastrada, además, por una larga alienación política, acaso no empatice bien con esta obra, de la que he leído sobre todo crítica extranjera. A los amigos a quienes he recomendado su lectura no les ha gustado, de hecho lo han dejado al poco de empezar, y mi librera cómplice dejó caer alguna advertencia inespecífica; me conoce y sabe que cuando me pega el olfato soy muy terca. Pero el caso es que me encuentro sola con Sebald, mejor dicho, junto a Sebald, junto a Jacques Austerlitz, quienes me ofrecen su inquietante y perturbadora compañía.

De entre los muchos valores de peso de esta obra, voy a concentrarme en uno que considero la razón última de su gran originalidad. “El efecto ficcional es uno de los rasgos más inmediatamente característicos de la Literatura”, dicen A.García Berrio y T.Hernández Fernández en su obra Crítica Literaria. En la misma obra se menciona a T.Albadalejo y su teoría de los mundos posibles, donde establece la “ley de máximos semánticos, según la cual la presencia de componentes del mundo ficcional inverosímil arrastra necesariamente hacia el efecto ficcional no realista a cualesquiera componentes de realidad que incluya un relato”. Es decir, el componente ficción, por muy leve que sea, es capaz de contaminar el relato aparentemente más fidedigno. No es difícil advertir la presencia de ese elemento y distinguir entre una obra de ficción y unas memorias, una autobiografía, una obra de carácter histórico o un ensayo. Sin embargo el talento de Sebald convierte a “Austerlitz” en una obra que sin ceder un palmo de su literariedad o ficcionalidad está plenamente imbuida de un verismo tal que la frontera entre realidad y ficción se llegan a diluir e incluso borrar por completo. De ahí el asombro – y también el recelo- que produce encontrarse caminando de ciudad en ciudad de la mano del personaje, mirando las fotografías que ha ido sacando durante sus viajes o las que se ha encontrado, de las que el libro tiene variado repertorio, oyendo hablar de gentes y sucesos de incuestionable aunque injustificable veracidad, y convirtiéndose en depositario de la experiencia íntima de un ser que nos habla con la misma confidencialidad desnuda con que se hablaría a sí mismo.

Una última pregunta abierta: de ser así, ¿no consigue que yo sea él -y en una carambola subliminal, ambos seamos polillas perdidas en una pared-,  haciendo que se toquen dos extremos en apariencia excluyentes recíprocamente, la hiper-realidad y la hiper-ficción?    

Un pensamiento en “W.G.Sebald y las polillas

  1. Recordé la parte “Paul Bereyter” de Los Emigrados, a mí modo de ver el relato que concentra más poderosamente esta idea. Y, pues sí, creo que Sebald a la larga nos muestra el hilo conductor -vago, difícil de ver, incluso con todos los sentidos puestos en ello- que lo une quizás todo. Es que quien sabe, quizás todo esto es el tramado de toda la existencia.

    Un gran saludo. Encantado de leer.

    Rodrigo.

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