Philip Larkin

The three poems I have chosen to analyse here represent three gigantic steps in Philip Larkin’s writing life, as there is a great distance in years separating them:

“Church Going” is from 1954 and was published in The Less Deceived, 1955.

“Sad Steps” is from 1968 and belongs to High Windows, 1974.

“Aubade” is from 1877 and was printed separately in Larkin’s lifetime, though published posthumously as part of Anthony Thwaite’s edition Collected Poems, 1988.

However, Larkin’s most characteristic theme, death, is present in all of them.

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pensando en petirrojos

Quizás el día del año en que más piense en los pájaros sea hoy, uno de enero.
Los otros días les doy de comer el pan que va sobrando y me gusta mirarles cuando vienen -me conocen- a la acera bajo el balcón desde las vallas y tejados cercanos -me estaban esperando-. Pero hoy, como todos los días uno del año, es un día especial.
La urbanización -ciudad, campo, no importa- está especialmente tranquila y olvidada de todo, sumida en el sueño de los días muy festivos, y, no sé por qué, suele lucir un sol frío pero amable. Los pájaros hace tiempo que se han despertado y esperan. Hoy son más insignificantes -comparados con la magnitud del nuevo año- pero más sonoros -esa misma magnitud impone silencio- que los otros días. Dicen, además, que la vida sigue igual, por mucho que algunos crean lo contrario. Que nosotros, como ellos, somos iguales. Que el recién llegado invierno está ahí delante, entero por golpear. La vida.
La mayoría de ellos la perderán de aquí hasta la llegada de la primavera.
Una de las especies más castigadas es el petirrojo. Un elevado índice de población muere en invierno (de hecho esta tasa hace que su longevidad media en libertad sea de tan solo un año, mientras que en cautividad viven hasta once años), aunque esto se ve compensado por su gran capacidad de reproducción.
Quizás sea su pecho sonrojado, su mirada intensa y su actitud osada que le hace acercarse a los humanos sobre todo en épocas de necesidad, lo que ha convertido al petirrojo en un símbolo de la navidad. Es hermoso, desafiante y cantarín, y es frecuente verle solo, pero no por ello menos animoso, buscando comida sobre la nieve.
Con estas dos espléndidas imágenes de petirrojos -robin, en Inglés, como Robin Hood- doy la bienvenida al año añadiendo el siguiente deseo, tan bien expresado por Emily Dickinson:

Not In Vain
If I can stop one heart from breaking,
I shall not live in vain,
If I can ease one life the aching,
Or cool one pain,
Or help one fainting robin
Unto his nest again,
I shall not live in vain.

 Fotografía de Mike Helliwell

 Acualera de Nigel Artingstall

 

 

Dos poemas para Panta

Este silencio,
blanco, ilimitado,
este silencio
del mar tranquilo, inmóvil,
que de pronto
rompen los leves caracoles
por un impulso de la calma,
¿se extiende acaso
de la tarde a la noche, se remansa
tal vez por la arenilla
de fuego,
la infinita
playa desierta,
de manera
que no acaba,
quizás,
este silencio,
nunca?“Calma”, Eliseo Diego.

En el origen fue el silencio de las jaras encendidas, los pórticos de agua, y los racimos de dátiles amargos.
Aquel fue el único momento ciertamente memorable.
Y, si la nada crece sobre el brocal de espuma de la historia, cuando las llamas se concierten bajo las bóvedas de piedra, ¿de qué valdrá asomarse al corazón metálico del tiempo?
¿Cómo agarrarse el alma el día en que las ruecas enloquezcan?
Los espinos silvestres no podrán arañar la primera palabra, ni las lluvias podrán restañar las heridas que el vapor que se eleva del miedo depositó sobre el gesto.
Porque es aquí donde nacen las arenas movedizas del olvido.
Porque es aquí, en la acidez helada del beso originario de la mujer que tiene el vientre hinchado de tristeza, donde se incuba el pájaro invisible de la desolación.
Y, sin embargo, nadie bajará hasta las norias a beber agua amarga. Nadie recordará el primer grito.
Con la primera palabra nace el miedo y, con el miedo, se incendia la hojarasca del conocimiento y del olvido.
Pero no basta con doblar la cabeza como tiernos girasoles.
No es suficiente con esparcir las brasas de la última fogata.
La primera ley está escrita sobre la corteza de los abedules y existe una medida convenida de antemano por si el cansancio llega.
Qué importa, pues, que el paisaje se rompa antes de tiempo o que zarzales rojos obstruyan las salidas a los lados.
Llega un momento en que la duda no sirve de moneda.
Llega un momento en que el silencio más dulce y más helado se escurre como un gato por el angosto tragaluz del miedo.
Y, para esa hora de las nueces arrugadas y vacías, las señales grabadas en el barro ya habrán sido borradas.
No quedará por tanto ninguna perspectiva de retorno: pues los espesos bosques de cucañas no pueden ser talados en un día.

Poema 2 de “La lentitud de los bueyes”, Julio Llamazares.

¿Seguimos jugando, Panta?

El gato de Thomas Gray

Ode on the Death of a Favourite Cat Drowned in a Tub of Goldfishes,1747.

‘Twas on a lofty vase’s side,

Where China’s gayest art had dyed

  The azure flowers that blow;

Demurest of the tabby kind,

The pensive Selima reclined,

  Gazed on the lake below.                                 cats_goldfish.jpg                                

                    .

Her conscious tail her joy declared;

The fair round face, the snowy beard,

  The velvet of her paws,

Her coat, that with the tortoise vies,

Her ears of jet, and emerald eyes,

  She saw; and purred applause.

                    .

Still had she gazed; but ‘midst the tide

Two angel forms were seen to glide,

  The genii of the stream:

Their scaly armor’s Tyrian hue

Through richest purple to the view

  Betrayed a golden gleam.

                    .

The hapless nymph with wonder saw:

A whisker first and then a claw,

  With many an ardent wish,

She stretched in vain to reach the prize.

What female heart can gold despise?

  What cat’s averse to fish?

                    .

Presumptuous maid! with looks intent

Again she stretched, again she bent,

  Nor knew the gulf between.

(Malignant Fate sat by and smiled)

The slippery verge her feet beguiled,

  She tumbled headlong in.

                    .

Eight times emerging from the flood

She mewed to every watery god,

  Some speedy aid to send.

No dolphin came, no nereid stirred:

Nor cruel Tom, nor Susan heard.

  A favourite has no friend!

                    .

From hence, ye beauties, undeceived,

Know, one false step is ne’er retrieved,

  And be with caution bold.

Not all that tempts your wandering eyes

And heedless hearts is lawful prize;

  Nor all that glisters gold.

Amor, muerte y poesía

               A raíz del penúltimo post sobre el soneto 73 de Shakespeare ha surgido un breve pero interesantísimo duelo lírico con Panta en la sección de comentarios que creo se merece una entrada propia. Acaso sea una cuestión de bipolaridad o de antipodalidad -la relación semántica entre términos como Norte y Sur (¡menudas palabrejas tiene una que estudiar!)-, pero en cierto modo amor y muerte parecen (sólo parecen) términos contrapuestos en la lírica, representaciónes simbólicas respectivas del anhelo de inmortalidad y la inevitabilidad del fin, positivismo y negativismo, euforia y desesperación. Por lógica, la muerte habría de vencer: es la más fuerte porque es inexorable. Sin embargo, el poder trascendental del amor la desafía y, a veces, la derrota. Algo logra permanecer, perdurar, si el amor es más que inmenso, cosa excepcional pero no imposible, y así algunos amores logran que la victoria de la muerte sea solamente parcial.

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               Este tema me parece muy interesante y atractivo -en su día quise que amor y muerte firmaran un armisticio y escribí el relato Kore-, y creo que ha dado de los mejores frutos en la lírica de todos los tiempos (y no sólo en la lírica: véase el fotograma de al lado, de El Séptimo Sello). Precisamente de eso trataba el duelo: amor vs. muerte, permanencia vs. acabamiento. A la afinidad entre Shakespeare y Quevedo tan bien sugerida por Panta se me ocurrió contraponer al anticlimático Manuel Machado. Panta me la ha devuelto con Miguel Hernández y yo he contraatacado con Thomas Gray. Reconozco que estoy más familiarizada con la literatura inglesa y americana que con la española pero considero que en esta batalla toda lírica debe poder participar, pues el tema es universal.

               Que conste que esto no es un meme, sólo un diálogo abierto, que, de prosperar, haría las delicias de los expertos en Literatura Comparada.

               Así que, tras Gray, ofrezco un gesto de cortesía duelística con los poemas 129 y 130 de In Memoriam, 1850, de Lord Tennyson.

Dear friend, far off, my lost desire,

  So far, so near in woe and weal,

  O loved the most, when most I feel

There is a lower and a higher;

                    .

Known and unknown, human, divine;

  Sweet human hands and lips and eye;

  Dear heavenly friend that canst not die,

Mine, mine, forever, ever mine;

                    .

Strange friend, past, present, and to be;

  Loved deeplier, darklier understood;

  Behold, I dream a dream of good,

And mingle all the world with thee.

                    …..

Thy voice is on the rolling air

  I hear thee where the waters run;

  Thou standest in the rising sun,

And in the setting thou art fair.

                    .

What art thou then? I cannot guess;

  But though I seem in star and flower

  To feel thee some diffusive power,

I do not therefore love thee less.

                    .

My love involves the love before;

  My love is vaster passion now;

  Tho’ mix’d with God and Nature thou,

I seem to love thee more and more.

                    .

Far off thou art, but ever nigh;

  I have thee still, and I rejoice;

  I prosper, circled with thy voice;

I shall not lose thee tho’ I die.    

El soneto 73 de Shakespeare

That time of year thou mayst in me behold
When yellow leaves, or none, or few, do hang
Upon those boughs which shake against the cold
Bare ruined choirs, where late the sweet birds sang.
In me thou seest the twilight of such day
As after sunset fadeth in the west;
Which by and by black night doth take away,
Death’s second self that seals up all in rest.
In me thou seest the glowing of such fire
That on the ashes of his youth doth lie,
As the deathbed whereon it must expire,
Consumed with that which it was nourished by.
   This thou perceiv’st, which makes thy love more strong,
   To love that well, which thou must leave ere long.
                                                                                  1609shakespeare_w.jpg

Vínculo al análisis de este poema.

Para cercos que se van cerrando, este soneto, acaso uno de los más bellos de la literatura universal. El tiempo va cercando al amor y a sus posibilidades: primero es una estación, luego un día, finalmente las pocas horas de existencia de un fuego. El inevitable acoso de la vida, es decir la muerte, se cierne sobre el poeta que, sin embargo, aún defiende una fortaleza que sabe perdida de antemano. El tiempo concedido -por la vida, por la juventud y la belleza- es cada vez más breve así que carpe diem, venga ese fulgor, y en el ámbito protegido por la voluntaria ignorancia, por el voluntario olvido, ¡arde!