La luz de la verdad

Hoy en día nadie duda de que William Turner (1775-1851) sea uno de los pintores más extraordinarios de todos los tiempos, tanto por su estilo innovador y único como por su magistral técnica. Disfrutó, además, de un gran reconocimiento en vida, pese a lo cual -o quizás debido a lo cual- en su última época tendía a ser retraído y procuró envolverse de secretismo, hurtarse a la mirada de los demás.
Siempre he pensado que la búsqueda de la pureza, de la esencia en libertad, de la verdad que reside en el recuerdo, da como resultado una luz peculiar, la que él fue capaz de plasmar en sus cuadros, sobre todo en aquellos que consideraba inacabados, aunque acaso no lo estuvieran en realidad, sólo para el ojo de los otros, al cual había que hacer concesiones previas a la exposíción de las obras.
He aquí ese misterio que no se logra explicar pero en el que no se puede sino creer.
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Norham Castle: Dawn, 1835-1840

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