De ovejas y pastores

         Hace poco, enredando en la red, me encontré con una sorpresa. Una sorpresa un tanto desconcertante, pues no podría precisar de qué tipo es, si buena o mala, inquietante, simplemente halagadora, curiosa, perversa o qué. La cosa es que he sido encontrada. Pero no como en el poemilla de John Newton:

 Amazing Grace, how sweet the sound,

That saved a wretch like me.

I once was lost but now am found,

Was blind, but now I see.

Porque no me ha encontrado la Gracia. Y sigo sin ver nada.

A las ovejas extraviadas las busca su pastor, o eso esperamos todos. Luego hay ovejas que andan por ahí sin estar extraviadas. Y pastores que buscan otras cosas que no son ovejas. Es inquietante que una oveja solitaria no esté perdida. Pero no lo es menos que un pastor se dedique a reunir un rebaño de otros animales.

No debiera uno ser tan malpensado. Hay que tener fe en Rousseau, si es que no se tiene en otra cosa. Así que, al margen de la verdadera naturaleza de la oveja, del pastor y de la búsqueda, concluiré que me ha gustado la sorpresa. Que, por cierto, es ésta.

 

 

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