El Gran Arco: de Utopía, de Thomas More a The Dispossessed, de Ursula K. Le Guin

El neologismo y el consiguiente concepto de “utopía”, creado en 1516 por Thomas More, es un verdadero hito en el pensamiento universal. Reúne afluentes del pensamiento clásico y del cristianismo y discurre por los siglos posteriores asumiendo los limos propios de cada tiempo, las aspiraciones y desilusiones de cada época, hasta llegar al presente. Ya desde su nacimiento se abre su delta con múltiples variantes, entre las que destacan, la eutopía, la distopía, la anti-utopía, la alotopía, la eucronía, la heterotopía, la ecotopía y la hiperutopía. En medio de todas estas derivaciones, algunos hay que opinan que la utopía, la raíz, muere como género, aquejada de fatiga, ingenuidad e idealismo o mera rigidez. Sin embargo, esto no es así. En la década de los 70, la escritora estadounidense Ursula K. Le Guin recoge el legado utópico y le da la vuelta de tuerca necesaria para, conservando en gran medida su pureza intrínseca, darle un nuevo soplo de vida.

En este ensayo pretendo trazar los vínculos que unen a Le Guin con la tradición clásica, a través del modelo de More, y analizar en qué medida las alteraciones hechas a este modelo, en vez de distorsionarlo y convertirlo en el reverso de la moneda –las oscuras e inquietantes distopías que parecen dominar todo el siglo XX- logra consolidarlo y darle un nuevo impulso cualitativo que lo eleva a la “alta literatura”. Previamente al salto hasta Le Guin, sin embargo, voy a establecer los vínculos de la obra de More con sus precedentes clásicos, entre otras razones porque Le Guin siempre tendrá en cuenta estos precedentes, tanto para apoyarse en ellos como para subvertirlos.

El término utopía en More alude a una doble realidad: por un lado, es el nombre que le da a la isla el marinero Hythloday, y por otro, el título de su obra. Esto dará lugar a dos variantes: el concepto del lugar en sí como topos imaginario y paradisíaco y el subgénero literario de literatura utópica. En su primera variante, retroceder en el tiempo nos lleva a otros lugares similares o a obras en las que se especula sobre un modelo diferente de sociedad, concebidos por pensadores clásicos. Serán las fuentes más directas de las que bebe More. Entre ellas destacan las citadas por Troisson: “Aristófanes, con Las Aves y La asamblea de las mujeres, le sugería el retrato de Estados comunistas; Luciano, con la tradición del viaje extraordinario y de la ironía (…); Yámbulo le era conocido (…) Pero sobre todo resulta ineludible la comparación con Platón, de quien seguramente More toma muchos elementos, pero del que dista de enfeudarse servilmente.” Por otra parte, no se puede olvidar que todo este bagaje clásico habrá de fundirlo con el pensamiento cristiano, con el que no debió tener pocos conflictos. San Augustín y su Ciudad de Dios es un claro precedente, aunque More, además de ferviente católico, era un humanista, por lo que para su Utopía prefiere una iglesia tolerante y una religiosidad natural, mínima.

La idea que tenía More del término utopía es, sin embargo, fruto de su tiempo, del pensamiento renacentista. Así pues, Platón, en sus obras La República y Las Leyes, no va más allá de especular de modo abstracto acerca de cómo sería la organización social de una ciudad ideal, que luego le llevará a engendrar el género utópico en el Timeo y el Critias. Pero mientras que Platón, como indica Trousson, “parte de la idea de la Justicia, construye instituciones que reflejan ese paradigma ideal y forma a los individuos en un molde preconcebido”, More parte del individuo para imaginar una sociedad que dé respuesta a sus necesidades y esté a su servicio. Platón, en boca de Sócrates, hace hincapié en un elemento muy significativo: la importancia del autogobierno y la autodisciplina para alcanzar el estado ideal de harmonía en cada individuo. Pero al mismo tiempo señala que esto sólo puede suceder en la sociedad ideal, al nivel de las ideas, pues no es posible ser social y políticamente activo en la consecución de este ideal sin que el hombre bueno se corrompa y autodestruya. Al mismo tiempo, apartarse de la sociedad para conservarse incorrupto es una falta al deber que se tiene para con ella como ciudadano. Un dilema indisoluble.

Además, en More se añade a este dilema entre la vida activa y la vida contemplativa el agravante de que, según la ética cristiana, es imposible alcanzar la perfección en vida, debido a la Caída, la pérdida de la Gracia de Dios. Esto nos lleva a otro de los precedentes de More, San Agustín. Pero San Agustín, y en realidad todo el pensamiento de la Edad Media,  proyecta su ideal hacia una vida después de la muerte en el seno de Dios, es decir, es una alotopía, y depende de la intervención divina, algo que el renacimiento aparta a un lado, optando por el antropocentrismo, directamente vinculado al pensamiento de la antigüedad clásica, precristiana.

Por otra parte, la Arcadia, sobre la que Virgilio escribiría ampliamente como país maravilloso que también podría ser un precedente, es el resultado espontáneo de una vida vivida de forma natural y no corrompida por la civilización.

La conclusión es que el concepto de utopía es fruto del pensamiento moderno, en que el hombre toma las riendas de su propia existencia y expresa su descontento por la sociedad en la que vive a través de su deseo de una vida mejor, una sociedad mejor. La energía de la que se nutre la utopía es, por lo tanto, la esperanza. Una esperanza, además, centrada en el hombre.

Hay otros elementos clásicos rastreables en la obra de More, como el ideal de la comunidad de amigos al estilo Pitagórico, que le llega a través de Erasmo, al igual que la preferencia de la felicidad antes que la gloria, o la contemplación (Séneca) antes que la participación (Cicerón). Salustio es otro defensor del concepto de concordia, la amistad entre iguales, en relación con la sociedad ideal. Por otra parte, la influencia de Luciano se advierte en el tono lúdico, mezcla de seriedad y comicidad, por no mencionar que él también escribió un relato medio utópico, Una historia verdadera, que se inclina más hacia lo fantástico.

Así pues, ¿cuál es el estado en que se alcanza un mayor bienestar? Según la fórmula platónica, reyes y filósofos deben colaborar; según Cicerón, los sabios deben arriesgarse a corromperse antes que evitar el compromiso político; según San Agustín, en este mundo imperfecto sólo se puede alcanzar una perfección de segunda clase, nunca comparable a la “celeste”. Erasmo, ya contemporáneo de More, proponía que los hombre actuaran como si nunca hubieran perdido la Gracia y la perfección fuera verdaderamente alcanzable. Es el impulso que More necesitó para crear Utopía.

More recoge todo el legado anterior y lo moldea para servir a sus propósitos, que son los del hombre de su tiempo. Establece, asimismo, unas características específicas que servirán de marco a su modelo. Estas características guardan vínculos con el legado recogido. Por ejemplo, el término utopía  significa no-lugar, es decir, lugar que no existe, que está aislado, que es inalcanzable. Así es la ciudad creada por las aves de Aristófanes. Así es la ciudad celestial de San Agustín, alcanzable sólo a través de la muerte y de la fe cristiana. Como More señala en uno de los poemas recogidos en su obra, el de Anemolio, en vez de Utopía, la isla debiera llamarse Eutopía. Eutopía significa buen-lugar. En inglés, además, se produce entre ambos términos un juego de palabras, pues estas son homófonas, suenan igual, lo cual, por un lado aumenta la identificación entre una y otra, y, por otra, nunca acaba de liberar la tensión que existe entre ambos términos. Esta tensión es la que convierte a este buen-lugar en un ideal inalcanzable. Un lastre que arrastrará durante un par de siglos.

Otros rasgos propios del marco que More establece en su obra, según ha señalado Raymond Trousson entre otros, son:

–         Una estructura narrativa bastante rígida.

–         El insularismo, que aísla la comunidad de la corrupción exterior.

–         Un viaje inicial lleva al protagonista a ese lugar. Posteriormente, habrá un viaje de regreso, en que el protagonista porta el mensaje de que es posible un mundo mejor.

–         Se produce una visita guiada del lugar, en que se explica su modo de organización, que ya está plenamente desarrollado y en funcionamiento.

–         Las riquezas y el dinero no tienen valor en Utopía, que tiene una economía cerrada y esencialmente autosuficiente.

–         La sociedad alternativa es necesariamente mejor que la real.

–         Esta sociedad es estática, no tiene ni pasado ni futuro, pues la conocemos ya plenamente desarrollada.

–         Esta sociedad es uniforme en grado sumo: no existe la propiedad privada, todo se hace en común, y el individuo está abstraído de sí mismo y sacrifica su individualidad ante la sociedad a la que pertenece.

–         Esta sociedad está centrada en el hombre, no es fruto ni de la casualidad ni de la intervención divina.

–         Hay una serie de leyes estrictas y represivas que permiten que los hombres consigan vivir juntos. Y existe la figura de un Legislador o Pensador, que ha diseñado ideológicamente esta sociedad.

Si ahora rastreamos la utopia camino del presente, nos encontraremos con que la Ilustración dio un paso más en la persecución de este concepto, creando el derivado eucronía. El elemento tiempo se suma al elemento lugar y surge la posibilidad de un buen lugar en el futuro. Este giro lo da por primera vez Louis-Sébastien Mercier en 1771 con su obra “Memorias del año 2500”. Como está situada en el futuro, es decir, no es simultánea a la realidad, no es necesario situarla en un lugar inalcanzable. Se sitúa en el propio país del autor, con el que no es incompatible. Asimismo, con la incorporación del elemento tiempo, la utopía deja de ser estática para convertirse en algo dinámico, con una dimensión histórica, en la que el hombre tiene un papel que jugar.

Un paso más lo dará William Godwin, en su obra de 1793 “Enquiry Concerning Political Justice”, donde señala que, de estar debidamente educado, el hombre puede poner en práctica leyes morales de origen racional que hagan innecesarias las leyes represivas y artificiales de un gobierno externo.

Esta idea de que en la evolución del hombre está la esperanza que nutre la utopía, por lo que las utopías hay que empezar a realizarlas en el presente con las miras puestas en el futuro, fue incorporada por Marx y Engels a su pensamiento comunista, convirtiendo la utopía en plausible.

Sin embargo, el paso del siglo XIX al XX desengaña al hombre de sí mismo, dando lugar a las utopías satíricas, las anti-utopías y, finalmente a las distopías, que dominan el panorama del s XX hasta el presente.

Se consideraba que el concepto original de utopía había muerto. Las razones de su muerte serían principalmente las dos siguientes:

– El género de literatura utópica habría muerto porque tanto la utopía renacentista de More, como la de la Ilustración y las utopías socialistas tenían una relevancia demasiado vinculada a su propio contexto socio-temporal, y por lo tanto estaban condenadas a una vida breve.

– Según señaló Herbert Marcuse en 1967, la posibilidad de cambiar la sociedad ya está al alcance del hombre, el cual sólo deba superar las dificultades que se va encontrando a su paso para lograrlo.

En realidad, opino que ninguna de estas razones es válida pues, aunque sean ciertas en sí mismas, no son justificación suficiente para afirmar que el concepto de utopía haya muerto. Sus raíces se hunden en la naturaleza misma del hombre, precediendo a la obra de More y a sus antepasados clásicos. La capacidad inagotable de desear del hombre y su insatisfacción impiden que la utopía muera. Lo que sucede es que se transforma.

H.G.Wells recogió el testigo de Utopía en el año 1905, a partir de su obra “A Modern Utopia”. Ya en la década de 1890 había inventado y escrito varias obras significativas en un nuevo género literario: la ciencia ficción, en el que había empleado una variante a la utopía, la distopía, también inventada por él. Como señala Tony Burns en su obra “Political Theory, Science Fiction and Utopian Literature”, “In the entire history of the utopian/dystopian tradition, from Thomas More to the present, there have been only three significant turning points. The first was the creation of the tradition of the literary utopia in the writings of More. The second was the transformation of this traditional literary utopia into something qualitatively different, namely the dystopian novel (which is also a work of science fiction) in the writings of Wells. And the third was the further transformation of the dystopian novel of Wells into something which is again qualitatively different, namely the utopian novel (which is also a work of science fiction) of the 1970s, a transformation which is associated, above all, with Le Guin’s The Dispossessed.” Este proceso ha llevado, según indica Tom Moylan, a que se negara la negación de Utopía. Esa isla de “optimismo” de los 70 está vinculada al movimiento estudiantil de Mayo del 68 y se nutre de la esperanza de cambio que promueve el surgir del pensamiento ecologista, la segunda ola del movimiento feminista y pensadores de la nueva izquierda. Se caracteriza por ofrecer un futuro mejor, aunque se haya renunciado definitivamente a la perfección de ese futuro, y por animar al lector a buscar alternativas a la realidad.

Hemos llegado, por fin a Ursula K. Le Guin. Ella misma indica en su artículo “Science Fiction and Mrs. Brown” el proceso que sigue para iniciar una novela, ejemplificándolo, precisamente, con The Dispossessed. “The Dispossessed began with a person seen with intense vividness. (….) What’s your name? (…) Shevek. So who are you? (…) I am a citizen of Utopia. (…) The book that resulted is a Utopia, of sorts.” Pese a la enorme polémica generada en torno a si The Dispossessed es verdaderamente una utopía, una novela, una novela utópica o una novela sobre la utopía o incluso una distopía (véase la obra de Tony Burns), yo me quedo con lo expresado por la autora en su artículo anterior, y como tal, es decir, como utopía o novela utópica, la considero heredera más que válida de toda la tradición previa, tanto la clásica como la renacentista.

Añadiré que la intención de Le Guin está bastante clara. Ella pretendía escribir una utopía. De hecho, las utopías le interesan profundamente. Ya en 1973 había escrito un relato de tipo utópico, “Those who walk away from Omelas”, en que no sólo describe una sociedad utópica –con unos oscurísimos cimientos- sino que aborda el problema de la credibilidad en la utopía. Posterior a The Dispossessed, que escribió en 1974, nos encontramos con otro relato considerado también utópico, “Vaster that Empires, and more Slow” y otra novela utópica, Very far away from anywhere else. Por otra parte, ha escrito varios ensayos sobre la naturaleza de la utopía, entre los que destaca A Non-Euclidean View of California as a Cold Place to Be. En este ensayo me centraré, sin embargo, en The Dispossessed como obra principal.

Le Guin comienza su obra con un muro. Un muro del que dice “Like all walls it was ambiguous, two-faced. What was inside it and what was outside it depended on which side of it you were on.” Este muro está situado en el planeta Anarres, la isla Utopía de Le Guin. Separa toda la superficie del planeta de un pequeño embarcadero espacial, a donde llegan y desde donde salen las naves que van y vienen de Urras, su planeta hermano. Los contactos son muy limitados, consisten en el comercio de materias primas producto de la minería, único valor de Anarres, por algunos productos de primera necesidad de los que el planeta carece. La tolerancia ante este comercio es lo que asegura la supervivencia de Anarres como comunidad independiente, pues sino Urras, más poderoso, lo invadiría y sometería. Por todo lo demás Anarres discurre por un camino propio, con un ideario único, fruto del pensamiento de Odo, la mujer que concibió esta revolucionaria utopía aunque nunca llegara a conocerla, pues muere en Urrass el día antes de que comience el levantamiento que conducirá a la revolución anarquista que eventualmente llevará a poblar Anarres (Vease el relato The Day Before the Revolution, 1974). Esta comunidad tiene unos 170 años de vida. Es una utopía anarquista. Pero últimamente se está deslizando hacia un gobierno estructurado que tiende al inmovilismo. Shevek, el protagonista, un físico teórico que está trabajando en una teoría sobre la simultaneidad temporal, va a cruzar ese muro y viajar a Urras, algo inaudito. Lo hace debido a que está profundamente desilusionado con un modelo de sociedad que, inicialmente dinámica y revolucionaria, ha derivado hacia la conformidad y la obediencia, cuyas consecuencias son la tiranía de la mayoría y el abandono de las riendas ideológicas en manos de un gobierno. Esta es la situación de partida.

Comprender el tipo de utopía que Le Guin propone no es sencillo. Empezaré por los puntos en común que tiene con la utopía clásica:

–         Anarres es un planeta-isla. Lleva poblado unos 170 años, desde que un grupo de odonianos dieran la revolución anarquista en Urras por perdida. La ley indica que ningún foráneo-alienígena puede entrar en Anarres. No se prohíbe la salida, pero se considera una traición, y no se puede regresar. Los contactos con el exterior son oficialmente inexistentes.

–         El protagonista, Shevek, realiza un viaje a Urras y posteriormente regresa a Anarres. La naturaleza del mensaje que porta es un punto sobre el que volveré más adelante.

–         A Shevek se le muestra Urras, y pese a su inicial fascinación, producida esencialmente por el hecho de que Urras es un planeta de abundancia mientras que Anarres es prácticamente un desierto inhóspito, observa que la sociedad es tan estática y desprovista de idealismo y principios éticos como la que ha dejado atrás. Sus guías son miembros de la Universidad de A-Io que, sin embargo, no le muestran de Urras más que una realidad parcial.

–         La economía de Anarres es autosuficiente a excepción de ese mínimo comercio exterior con Urras. La propiedad es común y no existe el dinero. La base de la economía es la agricultura, tremendamente ardua e ingrata en Anarres. El fundamento de la sociedad es el trabajo y el esfuerzo, y el máximo valor reside en compartir. La sociedad es uniforme, y cualquier elemento individualista o disruptivo es eliminado convenientemente (ver la historia de Tirin contada por Bedap )

–         La sociedad está basada en el hombre y ha sido creada por el hombre. Son los Odonianos exclusivamente, y mediante su sólo esfuerzo y sacrificio, los que han hecho de Anarres un planeta habitable.

–         Aunque no existen leyes como tales, existen principios inamovibles que regulan la sociedad en Anarres. Son principios ideológicos, éticos, basados en el pensamiento de Odo. Este personaje, Odo, muerto hace 170 años, es la encarnación del Legislador. El problema reside en que mantener activo el pensamiento odoniano, cuya base es que “el cambio es la libertad, el cambio es la vida”, requiere un esfuerzo dinámico constante, una constante revisión de las prácticas establecidas, algo en lo que la sociedad en Anarres ha fracasado.

Hasta aquí es fácil observar que The Dispossessed es una utopía, aunque inversa. Es el habitante de Utopía-Anarres el que viaja al mundo real-Urras y no al revés. Lo cual cuestiona cuál de ambas sociedades es verdaderamente una utopía, a la par que señalar que para los habitantes de cada lado del muro su sociedad es la utópica. De ahí que la obra se subtitule An Ambiguous Utopia.

Le Guin, al escribir su propia revisión del concepto de utopía lo que hace es abordar los principales fallos que tiene la utopía clásica y que la hacen inviable. El principal problema de la utopía clásica es que está basada en un principio Euclideo, es decir, es un modelo puro, perfectamente racional. Por lo tanto, y según señala Robert Elliott, tiene, necesariamente, los siguientes inconvenientes:

–         Carece de raíces históricas.

–         Se basa y asume un consenso universal.

–         Está aislado para evitar cualquier proceso que pueda influir y destruir el modelo.

Es, efectivamente, un no-lugar. Porque es un lugar inhabitable. De existir, sería, como indica Laurence Davis, tanto “políticamente irrelevante” como “potencialmente peligroso”. Sin embargo, siempre permanece, como he dicho con anterioridad, un lugar deseable. Según Oscar Wilde, “A map of the world that does not include Utopia is not worth ever glancing at, for it leaves out the one country at which Humanity is always landing. And when Humanity lands there, it looks out, and, seeing a better country, sets sail. Progress is the realization of utopias”.  De ahí que sea un lugar recurrente. E, imagino, de ahí la necesidad de convertirlo en un lugar real, por una vez.

Le Guin emprende su utopía según el modelo no-Euclideo que explica en su ensayo A Non-Euclidean View of California as a Cold Place to Be. Es, según explica Laurence Davis “a mature literary challenge to the perfectionist conception of utopia as a timeless idyll dammed off forever against the wide river of history”. A esto Robert Elliott añade que el modelo Euclideo está obsesionado con la idea de regular toda vida mediante la razón, y de conseguir la felicidad para el hombre a cualquier coste.  Y la propia Le Guin nos dice que “ Utopia has been yang. In one way or another, from Plato on, utopia has been the big yang motorcycle trip. Bright, dry, clear, strong, firm, active, aggressive, lineal, progressive, creative, expanding, advancing, and hot. Our civilization is now so intensely yang that any imagination of bettering its injustices or eluding its self-destructiveness must involve a reversal. (…) We must return, go round, go inward, go yinward. What would a yin utopia be? It would be dark, wet, obscure, weak, yielding, passive, participatory, circular, cyclical, peaceful, nurturant, retreating, contracting, and cold. (…) If utopia is a place that does not exist, then surely (as Lao Tzu would say) the way to get there is by the way that is not a way. And in the same vein, the nature of the utopia I am trying to describe is such that if it is to come, it must exist already.”

Y eso es precisamente The Dispossessed. De hecho, uno de los principios utópicos básicos, el de la insularidad, el de la protección y seguridad del muro, se invierte totalmente en Le Guin. El muro es ahora un principio alienante que destruye la utopía porque le niega el dinamismo, la historia, el progreso que necesita tanto para sobrevivir como para mantenerse real. Por eso Shevek atraviesa el muro. Y a su regreso suponemos, aunque no lo veamos, que volverá a franquearlo. Y esa violación será doble pues trae a un alienígena con él. Entre medio, Shevek habrá de ir escalando todos los muros que la educación estricta de Anarres ha imprimido en su mente. Y así alcanza su propósito esencial: derribar los muros políticos y culturales que separan Urras de Anarres. La escusa para todo ello es el proyecto en el que Shevek, como físico teórico, está trabajando: la teoría de la Simultaneidad Temporal. La elección de este tema no es aleatoria sino que guarda íntima relación con los principios utópicos clásicos que Le Guin subvierte para asegurar la supervivencia del concepto de utopía.

La teoría de Simultaneidad Temporal propone borrar las barreras entre la linealidad y la circularidad del tiempo. “We are the children of time” dice Shevek cerca del final del libro. Así pues, esta teoría explica tanto los aspectos se sucesión como de permanencia del cosmos, considerando y permitiendo que pasado y futuro se entrelacen entre si y con el presente. De este modo el tiempo se convierte en un círculo abierto, en que el pasado no queda fijado inamoviblemente y el futuro abre sus puertas. Se admite, pues, dentro de la utopía, el concepto de progreso, de cambio, de dinamismo, del que hasta ahora carecía. Por otra parte, el aspecto práctico de la teoría de la Simultaneidad Temporal  dará lugar a la creación del “ansible”, un instrumento que permite la comunicación a través del tiempo. De este modo cae otro muro más, el que separa las culturas-civilizaciones pasadas, futuras y presentes, permitiendo el enriquecimiento mutuo.

El otro aspecto fundamental de la utopia de Le Guin es su no perfección, que la convierte en una utopía más modesta y viable: “ideal society is concerned predominantly with preserving its existence. It has a modest standard of living, conservative of natural resources, as well as a low constant fertility rate and a political life based upon consent. (…)she (Le Guin) is sensitive to the need to maintain the conditions necessary to nourish a degree of social dynamism and change.” Añade, posteriormente, Le Guin, la negación de la perfección, por ser ésta una nueva trampa en la que la utopía ha caído y le impide realizarse: “He had been demanding a security, a guarantee, which is not granted, and if granted would become a prison.”

En resumen, Le Guin abandona el modelo Euclideano de utopía, la utopía perfecta e intemporal, para implicarse dinámicamente en la historia y en la política para romper con las limitaciones del aquí y el ahora de la utopía clásica y abrir el campo de las posibilidades históricas y el progreso. Es el concepto Odoniano de una revolución permanente, basada en el individuo, en su capacidad de elección, su responsabilidad moral y su creatividad personal. Esta promesa de utopía dependiente de lo impredecible de las elecciones individuales y las consecuencias de estas, es lo que da lugar al final abierto de The Dispossessed, en que Shevek trae a Anarres a un alienígena, Ketho, proveniente de Hain, que será el principio de una nueva revolución, la continuación de la utopía. Según apuntan John Brennan y Michael Downs, “Thomas More’s King Utopus gave his islanders a blueprint for the future, as permanent and well-founded as human prescience could permit; Ursula Le Guin’s founding mother gave her Odonian followers some thoughtful books and a place to begin, and a legacy of hope in every frustration. No more can be left to the children of time.”

Una vez superado el principal obstáculo que se interpone entre el hombre y la utopía, el de la insularidad, y habiendo dotado a ésta de un pasado y un futuro, gracias a la teoría de la Simultaneidad Temporal, queda el problema del consenso universal. Le Guin resuelve este problema mediante la unión de integración e integridad, mediante su metáfora del muro, que es a la vez uno y ambos, un lado y ambos lados a la vez. Al ser una utopía anarquista, no existe un gobierno que vigile a la sociedad y se asegure de su “felicidad”. Esta tarea recae sobre el individuo mismo. Y el individuo es la sociedad. Es el individuo, cada uno de los individuos que forman la sociedad, el que tiene un compromiso, consigo mismo y con el grupo. Ese compromiso se sella con la idea de “promesa”. Acerca de esta “promesa”, Elisabeth Cummins indica: “The promise that binds Anarres together is the vow of fidelity to each other to do that which ensures the continuation of a society without government, dominance or ownership; it is a vow of human solidarity, a moral commitment to mutual aid and cooperation.” Esta “promesa” se sustenta tanto en la ética como en la teoría temporal que Shevek desarrolla, pues, como añade Cummins, “To make a promise is to commit to a relationship in the future, to shape the future; to abide to a promise is to honor a commitment made in the past. Abiding by promises acknowledges the circle of time”.

Por supuesto que esta “promesa” es un compromiso íntimo y personal de cada individuo. Nadie te obliga a formularla en público. Su sustento es la confianza en el hombre y en su capacidad para sostener las riendas de su propia existencia. Esta confianza es la que vincula, en mi opinión, a Le Guin con más fuerza con las raíces clásicas y, posteriormente, después del ínterin de la Edad Media, con el pensamiento humanista renacentista. Asimismo, los grandes tópicos clásicos, la vida contemplativa versus la vida activa, el autogobierno como estado ideal, solo amenazado por la corrupción del individuo, el compromiso de éste para con la sociedad, la imposibilidad de alcanzar la perfección, el énfasis en el poder creativo del hombre y su libertad para dar forma a su propia vida, son tópicos abordados por Le Guin en su obra, abordados y maravillosamente resueltos. Shevek los resuelve, aunque sólo sea para sí, como individuo. Ese es precisamente el mensaje que trae de vuelta a Anarres-Utopía.

Thomas More, era un hombre firme, coherente y consecuente. Íntegro. Quizás fuera esa la enseñanza que trajo consigo de Utopía, y no otra. Esa su promesa, su compromiso. A More le costó la vida. Nunca sabremos el precio que tendrá que pagar Shevek por ser firme, coherente y consecuente. Por ser íntegro. El último capítulo de The Dispossessed tiene lugar durante su viaje de regreso a Anarres, en la nave cruzando el espacio, que es el no-lugar por antonomasia. El lector desea que a Shevek le sea dado entrar, traspasar el muro de nuevo. Tenemos fe en él, como individuo. Que no en la sociedad a la que regresa. Sabemos de la valía de su mensaje, pero no de la disponibilidad de la humanidad para escuchar. Sabemos que Utopía existe. Por fin. Pero, ¿quién más estará dispuesto a creerlo?

 

Bibliografía

Burns, Tony. Political Theory, Science Fiction, and Utopian Literature: Ursula K. Le Guin and The Dispossessed. 2008. Lexington Books

Cummings, Elisabeth. Understanding Ursula K. Le Guin. 1993. University of South Carolina Press.

Davis, J. C. Thomas More’s Utopia: sources, legacy and interpretation. En Utopian Literature. Editada por Gregory Claeys. 2010. Cambridge

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Le Guin, Ursula K. The language of the Night, Essays on fantasy and Science Fiction. 1989. The Women’s Press Ltd.

Le Guin Ursula K. A Non-Euclidean View of California as a Cold Place to Be, incluído en Dancing at the Edge of the World. 1989. Gollancz

Le Guin, Ursula K. The Wind’s Twelve Quarters. 2004 Harper Perennial

Moro, Tomás. Utopía. 1984.  Alianza Editorial.

Moylan, Tom. Demand the Impossible

Trousson, Raymond. Historia de la literatura Utópica. Viajes a países inexistentes.  Editorial Península

Vieira, Fátima. The Concept of Utopia. En Utopian Literature. Editada por Gregory Claeys. 2010. Cambridge

Wilde, Oscar. The Soul of Man under Socialism. 1891. Penguin, 2001

 

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