Silencio

“Well, I’m back”, había dicho Sam. Y estábamos a principios del verano… Ahora cae la nieve en alguna parte.

Hace poco un alumno tenía que escribir un texto sobre el invierno. Como no se le ocurría qué decir o pensar -qué raro- propuse que empezara intentando descubrir qué sentía al respecto. En cinco columnas, encabezadas por los cinco sentidos, debía escribir palabras, las que fuesen, que le fueran sugeridas por la idea de invierno en dos muy diferentes situaciones que yo -también- le tuve que proporcionar: el centro de la ciudad un viernes por la tarde en vacaciones de Navidad y un solitario paisaje nevado. En esta segunda localización dejó la columna del oido en blanco. Me costó convencerle de que el silencio, la ausencia de sonido, es en sí mismo una forma de sonido, y harto elocuente, además. Cuando luego escribió su ejercicio -para lo cual le di un contexto, un personaje y un muy esquemático argumento lineal-, obligado a emplear por lo menos dos palabras de cada “sentido”, de las cuales una de cada situación, ciudad y paisaje, acabó por confesar que la palabra “silencio” era la que mejor describía para él el invierno. Había alcanzado una verdad y, lo que es más importante, había logrado formularla con palabras. Se marchó muy contento con su texto. Yo también me alegraba.

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Sin embargo, en su siguiente clase me contó que su profesora en el instituto le había dicho que lo que había escrito no tenía nada que ver con el invierno, que tendría que haber hablado más de la Navidad, del esquí y de si le gusta o no pasar frío en la parada del autobus escolar a las ocho de la mañana. En los ojos de mi alumno había un cierto brillo de resentimiento: yo le había llevado por un camino que no era el correcto. Y él de ninguna de las maneras desea apartarse de los cauces: va raspado en la asignatura de lengua. Ya se está viendo en verano, cuando luce pleno el sol, recluído en el silencio de su habitación delante de un libro. Y como a mí no me gusta jugar con la vida de los otros, he decidido limitarme a enseñarle a hacer esquemas, y cuando tiene que escribir un texto le corrijo tan solo la ortografía. Lo del estilo, que quede para los expertos o, en su defecto, el funcionariado.

Creo que a esa profesora lo que realmente le molestó fue el silencio. El silencio del invierno..

En este blog ha habido silencio durante casi seis meses. Sentía necesidad de silencio, pero uno de veras prolongado, hondo, para nadar en él profundamente en busca de mis propios secretos. Mi vida se había vuelto demasiado agitada y me disgustaba. Empezaba a hacer cosas que en realidad no quería. Y el hecho de que fuera verano no facilitaba las cosas. Así que he estado esperando. He visto llegar e irse la luz del otoño. Mientras, como no puedo evitar ser una persona activa, he estado aprendiendo a crear sin palabras, pintando acuarelas -el paisaje de arriba no es mío, pero es lo que he estado buscando-. Pintando acuarelas en silencio. Pintando el silencio.

Ha sido como dar un paseo, coger un desvío, perderse, vagar sin rumbo una temporada, reconocer -recordar- un perfil lejano y dirigirse despacio, con un nuevo paso, hacia él.snowcrocus.jpg

Mientras tanto, ha llegado el invierno.  

5 pensamientos en “Silencio

  1. Después de ser silenciada de nuevo, esta vez por una gripe -se hace larga pero, en realidad, es breve-, vuelvo para, todavía afónica, agradecer vuestros saludos.
    He de confesar que nunca he sido una asidua lectora de poesía, pese a lo cual suelo acabar buscando en ella la palabra última.
    Sin duda, amigo Panta, la palabra de Octavio Paz es esa.

  2. Hay silencios que me agradan. El silencio de la noche, por ejemplo – o mejor, de la madrugada -, ese hermoso y profundo silencio lleno de los sonidos de los seres – cuando logro alejarme tanto como soporto – o de la tenue voz de la ciudad dormida.

    Hay silencios que no me gustan, en cambio: El de MI Capullito de Arcoiris, Princesa, Ama, cuando lo acompaña de esos profundos suspiros que me parten el alma de sólo saber que la de ella está partida.

    Y debo confesar que tus silencios son duros.

  3. Estaba buscando imágenes de los Girasoles de Van Gogh, y caí en tu blog. Todo iba bien, muy bien, a mi parecer, en esta historia, hasta que apareció “La Profesora” (supongo que se siente así, con mayúsculas). ¿Con qué derecho, con qué derecho, puede “La Profesora” decirle a su/tu alumno qué es lo que tiene o no tiene que ver con el invierno? “Había alcanzado una verdad, decís, -suya, particular, íntima, agrego yo- y lo que es más importante, había logrado expresarla con palabras.” Perfecto. Hace un buen rato que trato de encontrar las palabras adecuadas para poder transmitir algo a un amigo, una intensa emoción que experimenté escuchando una anécdota sobre Van Gogh, la imágen que fulguró desde la anécdota, Theo ayudando a Vincent, proporcionándole las telas para pintar, el tono de voz cuando él dijo “por eso ahora tenemos los girasoles…”, y siento que no puedo, que no puedo, que no encuentro palabras que sean eficaces. Opté por buscar los girasoles (el amarillo), para ver si ayudaba, no sé qué hacer. Y él, el niño, pudo. Y viene “La Profesora” y le dice que no, que así está mal, que tiene que escribir sobre la Navidad o los esquíes… No lo puedo creer… Sos sumamente generosa, Niki o como te llames, al pensar que quizás le molestó el silencio, el silencio del invierno. Quizás, no quiero desmerecer tu interpretación; no es fácil soportar el silencio para algunos de nosotros; quizás depende del momento, quizás de habernos ya familiarizado y “amigado” con “los secretos que guardan nuestras honduras” tomando tus palabras,… Pero además y fundamentalmente, esa mujer es una bestia, y debería dedicarse a otra cosa, y no a decirle a un niño lo que tiene que sentir, lo que tiene que pensar, lo que tiene que significarle a él el invierno o cualquier otra cosa. Me enojó mucho. Confío en que los niños/as son fuertes y sus capacidades y talentos sobreviven a estas personas destructivas y mediocres.
    Muy dulce lo que escribió Zaira Di Tomasso.
    El párrafo de Wordsworth´s Tintern Abbey, un hallazgo. Ya me lo copié para compartir con amigos/as.
    Ojalá no pierda de vista tu blog.
    Me disculpo por escribir “tan largo”. La síntesis, talento de este niño, no es el mío.
    Ana

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