Lugares, lugares, lugares…

Pereza, gran pereza del verano… Pero como lo prometido es deuda, y en este caso muy gozosa, bloguearemos… 

Panta ha lanzado un para mi irresistible nuevo meme sobre lugares literarios que servirá para evocar, una vez más, esas obras de la literatura universal a las que nos sentimos más vinculados. Pues, qué duda cabe, a veces los lugares son coautores de las obras en tanto en cuanto alcanzan un valor en sí mismos superior al de cualquier personaje, condicionando el decurso de los acontecimientos incluso más allá de la voluntad del autor. 

Como introducción a mi propia lista propongo el terrible elogio de un lugar que hace C.P.Cavafis en su poema  La ciudad, 1910.

Dijiste: “Iré a otra tierra, iré a otro mar.

Otra ciudad ha de haber mejor que ésta.

Cada esfuerzo mío es una condena dictada;

y  mi corazón está -como un muerto- enterrado.

¿Hasta cuándo seguirá mi alma en este marasmo?

Adonde vuelva mis ojos, adonde quiera que mire

veo aquí las negras ruinas de mi vida,

donde pasé tantos años que arruiné y perdí”. 

                    …

No hallarás nuevas tierras, no hallarás

otros mares. La ciudad te seguirá.

Vagarás por las mismas calles.

Y en los mismos barrios te harás viejo;

Siempre llegarás a esta ciudad. Para otra tierra -no lo esperes-

no tienes barco, no hay camino.

Como arruinaste aquí tu vida,

en este pequeño rincón,

así en toda la tierra la echaste a perder.

Y a continuación, la lista. Me he tomado la licencia de añadirle algo al meme de Panta, unas breves líneas sobre cada lugar mencionado, extraídas de la obra misma. Los lugares, me excuso, me lo han pedido…

*La Alejandría de El cuarteto de Alejandría , de Lawrence Durrell. “¿Qué resume la palabra Alejandría? Evoco en seguida innumerables calles donde se arremolina el polvo. Hoy es de las moscas y los mendigos, y entre ambas especies de todos aquellos que llevan una existencia vicaria. Cinco razas, cinco lenguas, una docena de religiones; el reflejo de cinco flotas en el agua grasienta, más allá de la escollera. Pero hay más de cinco sexos… Pienso en la época en que el mundo conocido apenas existía para nosotros cuatro; los días eran simplemente espacios entre sueños, espacios entre capas móviles de tiempo, de actividades, de charla intrascendente… Un flujo y reflujo de asuntos insignificantes, un husmear cosas muertas, fuera de todo ambiente real, que no nos llevaba a ninguna parte, que no nos exigía nada salvo lo imposible: ser nosotros mismos. Justine decía que habíamos quedado atrapados en la proyección de una voluntad demasiado poderosa y deliberada para ser humana, el campo de atracción que Alejandría presentaba hacia los que había elegido para ser sus símbolos vivientes…”. Justine. Cuando era joven, cómo deseaba viajar a un lugar así, donde exponer mi alma a la tortura de una vida más intensa…

*El San Petersburgo de Noches Blancas, de Fiodor M. Dostoyevski. “Hace ya ocho años que vivo en Petersburgo y no he podido trabar conocimiento con nadie. ¿Pero qué falta me hace conocer a gente alguna? Porque aun sin ella, a mí todo Petersburgo me es conocido… También las casas me son conocidas. Cuando voy por la calle parece que cada una de ellas me sale al encuentro, me mira con todas sus ventanas y casi me dice: ‘¡Hola! ¿Qué tal?” La apoteosis de la soledad.

*La Abadía de Tintern, del poema del mismo nombre, de William Wordsworth. “Once again / Do I behold these steep and lofty cliffs, / That on a wild secluded scene impress / Thoughts of more deep seclusion; and connect / The landscape with the quiet of the sky.” Un lugar solitario y bello. Las ruinas del pasado incitan a reflexionar sobre el paso del tiempo. 

*La Tierra Media de J.R.R.Tolkien. Muchos ejemplos valdían aquí, pero me servirá éste, muy breve, para mostrar en su plenitud y simplicidad toda la maravilla. “They stooped over the dark water. At first they could see nothing. Then slowly they saw the forms of the encircling mountains mirrored in a profound blue, and the peaks were like plumes of white flame above them, beyond them was a space of sky. There like jewels sunk in the deep shone glinting stars, though sunlight was seen in the sky above. Of their own stooping forms no shadow could be seen. ‘O Kheled-zâram fair and wonderful!’ said Gimli. ‘There lies the Crown of Durin till he wakes.Farewell!’ He bowed, and turned away…” Por más años que cumpla, nunca una parte de mi alma dejará de habitar este otro lugar.

*El Londres de muchas de las novelas de Charles Dickens. “It was a Sunday evening in London, gloomy, close, and stale. Maddening church bells of all degrees of dissonance, sharp and flat, cracked and clear, fast and slow, made the brick-and-mortar echoes hideous. Melancholy streets, in a penitantial garb of soot, steeped the souls of the people who were condemned to look at them out of windows, in dire despondency… Fifty thousand lairs surrounded him (Mr. Arthur Clennam) where people lived so unwholesomely that fair water put into their crowded rooms on Saturday night, would be corrupt on Sunday morning… Miles of close wells and pits of houses, where the inhabitants gasped for air, streched far away towards every point of the compass. Through the heart of the town a deadly sewer ebbed and flowed, in the place of a fine fresh river.” Little Dorrit.

*El gruta de El Valle del Silencio, relato de Jose María Merino. “En la gruta, el silencio era absoluto. Se podía pensar que el propio ámbito, el espacio tenebroso, estaba constituido de silencio. Marcellus se acercó a un punto en la gruta y se detuvo, con expresión absorta. En aquel lugar, la larga protuberancia de la pared se la cueva se interrumpía de pronto, por causa de una hendidura… recordaba un vacío a medida y con las proporciones de un cuerpo humano…” Cuántas veces no habré soñado con encontrarme con esa cueva y entregarme a la tierra como Marcello… 

*La pequeña isla griega de Sun, relato de D.H.Lawrence. “But she found a lace: a rocky bluff shoved out to the sea and sun, overgrown with the large cactus called pricky pear. Out of this thicket of cactus rose one cypress tree, with a pallid, thick trunk, and a tip that leaned over, flexible, in the blue. It stood like a guardian looking to sea; or a candle whose huge flame was darkness against light: the long tongue of darkness licking up at the sky. Juliet sat down by the cypress tree, and took off her clothes. The contorted cactus made a forest, hideous yet fascinating, about her. She sat and offered her bossom to the sun, sighing, even now, with a certain hard pain, against the cruelty of having to give herself…” Creo que este relato, cargado de un extraño erotismo y de una gran sabiduría, penetra limpiamente el alma femenina. Qué mujer no anhelaría ese lugar…

*El sanatorio de La montaña mágica, de Thomas Mann. “Hans Castorp sonrió… y, tendido, contempló la lejanía, la esfera familiar a la que había sido arrebatado.” Poco después dice Settembrini: “Yo veo eso cada día aquí. Como mucho, al cabo de seis meses, el joven que llega aquí (y casi no hay más que jóvenes) ya no tiene más pensamientos que el flirt y la temperatura.” Yo misma he estado muchas veces ingresada en el hospital, a veces durante periodos un poco largos, y reconozco que, aunque suene morboso y hasta inhumano, en ocasiones, en especial cuando no se sufre dolor, estar recluido en un hospital resulta deseable. Todos han de cuidar de ti y no se tiene ninguna responsabilidad. Así, qué facil es evadirse de la vida.

3 pensamientos en “Lugares, lugares, lugares…

  1. Me ha gustado especialmente la Tierra Media (el sanatorio de la montaña mágica no lo visitaría a riesgo de darme a la vida fácil, pero las reflexivas conversaciones que allí se mantenían son absolutamente inolvidables)
    Saludos.

  2. Beatriz!!! (O Niki):
    No creí que alguna vez encontraría a alguien que hubiera léído Justine, de L.Durrell… Yo también lo leí cuando era muy joven, y me fascinó. Sin embargo, no pude leer los otros libros del cuarteto de Alejandría, por ese entonces.
    Me pregunto cómo sería reencontrarme ahora con esa novela, después de tanto tiempo.
    Aunque debo mejorar bastante mi inglés, (y entonces lo apreciaría mejor), alcanza para percibir la belleza de ese fragmento de D.H. Lawrence.

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