La habitación

          Creo que todos le tenemos un especial afecto a nuestra habitación. Me refiero al dormitorio, y siempre que éste sea individual, pues cuando se comparte con otro, sea hermano o pareja, pierde en gran medida su individualidad. De niños todos nos “hemos ido” o nos “han mandado” a nuestra habitación en situaciones difíciles, de adolescentes empezamos a cerrar la puerta y de adultos -adultos con suerte de tener casa propia- la hemos vuelto a dejar abierta pues el ámbito de “nuestra habitación” se ha expandido hasta abarcar toda nuestra casa. Así y todo, sigue siendo el dormitorio ese lugar todavía más íntimo dentro de la intimidad del hogar, quizás porque allí nos abandonamos al sueño, el estado en que más vulnerables somos y por lo tanto para el que mayor seguridad  y confianza requerimos. Alrededor, nuestros dioses lares -esos libros de la mesilla, el peluche favorito, las fotos de los que queremos, objetos todos con algún significado que sólo nosotros plenamente conocemos, testigos, acaso, de nuestra historia- iluminan la noche con su vigilia.

          La habitación pictórica por excelencia es la de Vincent van Gogh. Hizo varias versiones de ella, cambiando algunos objetos menores, que no la disposición de los muebles. Es difícil y además no mi intención, decir algo nuevo sobre este cuadro. Mencionaré, sin embargo, las impresiones que me pruduce.

          En primer lugar llama la atención lo pequeña que es la habitación y lo grande que es la cama. Si sumamos esta extraña desproporción a la forzada perspectiva, debería producir tensión en el espectador, pero no es así en absoluto. Como Vincent dijo, “la simplicidad da a los objetos un tono más marcado, el resultado es una impresión de ‘reposo’ … mirando el cuadro, uno debería dejar descansar el cerebro o, mejor dicho, la imaginación” (carta a Theo 554). A esta simplicidad también contribuye el uso tan plano del color, la ausencia de movimiento en las pinceladas, y el ribeteado en negro de las figuras. El punto de fuga está en algún lugar entre el extremo izquierdo del cabecero de la cama y la esquina inferior derecha de la ventana.

          Todos estos detalles técnicos no son casuales, aunque estoy segura de que la habitación era en realidad así. Vincent siempre fue un hombre torturado por una dicícilmente clasificable neurosis alojada en la mente de un ser de por sí excepcional por su sensibilidad, inteligencia y energía vital y creadora. Su existencia debía ser un cúmulo de impulsos contradictorios, básicamente la lucha entre el deseo de salir al exterior, comunicarse, amar, mirar y crear, entregarse a los demás, y la necesidad de refugiarse, evadirse, huir del miedo y de la angustia ante las rampantes señales de locura.

          Por eso estoy tentada de interpretar ese lugar concreto del punto de fuga como representativo de esa misma dualidad: la posibilidad de salida por una ventana entreabierta y la tentación de dejarse caer en la cama y abandonarse al sueño. Hay otras dos salidas, dos puertas, una a cada lado de la habitación, que sugieren que éste es un lugar de tránsito, que el descanso, de poderse acceder a él, será sólo temporal, que uno no puede en realidad refugiarse de nada en este cuarto, y mucho menos de la muerte. Quizás por eso sea necesario hacer la cama tan grande, para compensar del acoso de la vida consciente, para simbolizar lo inmenso del deseo que tenía Vincent de encontrar un reposo que incluso en el lecho le rehuirá, con ese cobertor rojo. Fuera, al otro lado de la verdosa ventana, la luz solar parece intensa pero no afecta al interior. ¿Acaso la vida no puede alcanzarle ya? Y un último e inquietante misterio: el vacío blanco en el espejo. 

6 pensamientos en “La habitación

  1. Me ha gustado mucho este relato, junto con otros que vengo leyendo.
    Encontré esta página buscando información sobre el escudo de Gawain, me ha ayudado en la escuela esos artículos, y ahora encuentro otros que me encantaron.
    Seguiré leyendo tus creaciones.
    Saludos

  2. Nada, no, no soy un vago (no de esa clase almenos), es que tengo 15 años, sigo en la escuela y para colmo, acá en Argentina es verano, asi que ando de vacaciones de verano, o sea, hago doblemente nada.

  3. Pues ir a la escuela ya es algo, y yo diría que interesarse por el escudo de Sir Gawain, mucho. Me alegro de que te interese el blog. ¿No has pensado, para seguir nadeando oficialmente al menos, en hacerte tu propio blog? Lo que yo hubiera dado a tu edad por que existieran cosas así…

  4. me encnata tu redacción, tu manera de describir.. tienes mucho talento, felicidades! estaré muy al pendiente de tus publicaciones!

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