El tamaño sí importa, pero…¿cuál?

          De entre toda la maravillosa poesía visual que David Lean desplegó en “La hija de Ryan” entresacaré un hilo dorado.

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          Charles sospecha que su mujer, Rose, le es infiel con el mayor Doryan. Una mañana lleva a sus niños -él es maestro- a la playa a buscar jivias pero su sospecha le hace seguir unas pisadas en la arena que cree identificar como las de su mujer y su amante. Las pisadas llevan a unas rocas y una pequeña poza de agua. En la arena descubre y toca el vacío dejado por una concha que hace poco debió de estár allí. Entonces los ve venir paseando en un curioso flashback imaginado por él y en el cual él se integra, aunque ellos -Rose y Doryan- no le ven. Como tan bien dice Ramón Moreno Cantero en su libro sobre David Lean, “espacio natural y espacio mental quedan fundidos en la luminosa fisicidad del primero.” Charles ve cómo Doryan extrae la concha de la arena y se la entrega a Rose, que se la lleva al oído.

          Más tarde, cuando llega a casa, un nuevo indicio le hace sospechar: Rose le dice que no ha estado en la playa pero hay granos de arena en su sombrero. Entonces Charles, enloquecido, busca entre las ropas de su esposa, en el comodín del dormitorio. Bajo un camisón encuentra la concha delatora, ésta mucho más pequeña que la que viera con su imaginación.

          Por cómo evoluciona la película a partir de ese momento entendemos que la falta de fidelidad de Rose es muy grave a ojos de Charles y que está decidido a dejarla. Sin embargo el padre Hugh Collins, al despedirles cuando la pareja marcha a Dublín al final de la película, y habiendo sospechado las intenciones de Charles para con Rose, le dice:”Me imagino que se le ha metido en la cabeza la idea de separarse de Rose… Sí, y he pensado mucho en eso… Tal vez debiera hacerlo, tal vez, quién sabe, pero lo dudo. Y ése es mi regalo de despedida para usted: esa duda.” Luego empuja a Charles hacia dentro del autobús y cierra la puerta. El autobús arranca y el padre se queda mirando cómo se aleja por el desolado paisaje, diciendo “Que Dios le bendiga”. Junto a él está Michael, el tonto del pueblo. El padre dice “Ay, no sé…no sé, no sé… Vamos Michael.” Se dan la vuelta y se van en sentido contrario por el camino.

          Aquí acaba la película. Y mi pregunta es: ¿cuál es la concha que más importa, la grande que Charles veía en su imaginación o la que es pequeña y real? Y en función de eso, ¿se quedará Charles junto a Rose?

         

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