El problema de la lectura.

          Está claro que existe un problema entre el contenido de las listas de lectura, como la maravillosa que ha elaborado El Tigre, y las vacilaciones manifestadas por algunos, entre los cuales me encuentro, acerca de lo posible o acertado de llevar esas obras al aula. Nadie duda de que La isla del tesoro sea una joya de la literatura juvenil y universal, y, sin embargo, se sabe que el éxito de proponerlo como lectura a un grupo genérico de adolescentes es más que dudoso. Las bondades literarias de los clásicos son indiscutibles pero abren el apetito a muy pocos. La obligatoriedad es de por sí mala política y enemiga extraliteraria encubierta del amor a los libros. Muchos de los que hemos elaborado listas y manifestamos habitualmente nuestra pasión lectora, o teníamos una inclinación innata o contamos en su día con una biblioteca y una dedicación familiar favorables, o tuvimos un encontronazo más o menos casual con ese libro en particular que estaba destinado a perdernos. Personalmente pienso que el que lleva en sí el gusanillo de la lectura y a ese bicho le cae a mano algo que comer, sea lo que sea, acabará por sentirle roer su corazón y que royendo, royendo, un día hincará el diente a un clásico.

          Esto viene a cuento de que no he visto en la lista a Harry Potter. En mi propia lista no lo incluí por no haber coincidido con él en mis inicios lectores, pero no he encontrado en la saga nada desdeñable cuando la he leido en mi madurez. De hecho, estoy esperando a que salga el último episodio para ver si acierto en mis pronósticos. Algunos alumnos míos y yo mantenemos un ardoroso debate acerca de las verdaderas lealtades del Profesor Snape. Por mucho que les suelo tirar de la lengua sobre todo tipo de temas, literarios o no, hay pocos en los que me haya topado con una participación tan entregada y entusiasta.

          Claro que yo tengo una vaga -aunque, en otros ámbitos, muy cuestionable- ventaja sobre los profesores de colegios e institutos, ya que pertenezco al “gremio” de los profesores “particulares”, aquellos que, por diversos avatares del destino -en mi caso la imposible homologación de unos estudios, el Diploma of English Studies de la universidad de Cambridge, que desaparecieron hace ya algún tiempo- acaban dando clase o a aquellos que no tienen ni idea y casi seguro que nunca la tendrán o a los que son muy brillantes y quieren ir por delante del carro. A estos últimos les enseño sobre todo a hablar el idioma, intentando salvar el detalle sine qua non de que para hablar hay que tener algo que decir. Pero el caso es que la relación que se establece entre mis alumnos y yo es muy distinta de la que, estoy segura, mantienen con sus profesores de clase, entre otras razones porque siempre somos pocos, trabajamos casi en la intimidad, con una complicidad peculiar que me opone no sólo a sus profesores sino también a sus padres. De alguna manera ellos saben que yo estoy en su misma barca, remando con ellos hacia donde sea que ellos van, que la mayoría lo desconocen, que nunca les condenaré aunque les eche broncas y que loaré hasta sus más pequeños triunfos. Les veo a través, y ellos acaban por confesar. Hay días en que en vez de darles clase hemos, simplemente, hablado. Cómo no, les he recomendado libros y les he leído y hecho leer historias. Pero no el dichoso Diary of Adrian Mole que les he acabado por traducir para que lo llevaran sabido a clase, sino versiones simplificadas de Poe, Twain y Conan Doyle, además de letras de canciones de las que les gustan, aunque a mi me espanten.

          En fin, que puedo constatar que Harry Potter, Eragon y los libros de Laura Gallego son el cebo más adecuado. Qué puedo decir, después de todo yo me pillé con Narnia, y antes de eso con el Pato Donald. Porque fue el Pato Donald el que abrió la puerta por la que luego entraron Tarrou, Raskolnikov y tantos otros.

          Caray, tenía que haber puesto al Pato Donald en mi lista. Ocupa el puesto de honor…   

5 pensamientos en “El problema de la lectura.

  1. Como lo he dicho en otras partes, aunque el ciclo de Potter no fuera un tesoro literario – y ahora que lo he podido leer en lengua nativa ha subido muchos puntos en mi escala – la profesora Rowling ha logrado que la generación Xbox vuelva a agarrar y AMAR un libro. Eso por sí solo ya es un logro heroico en contra de los videojuegos, de MTV, de RBD y el Reggaeton – entre otros.

    Yo mismo me estoy preparando para la labor docente y estoy revisando y preparando listas de lectura. Harry está, necesariamente. Y Verne, y Salgari, y Rice Burroughs, y el Capitán Alatriste, y Odiseo, y los hobbits de la comarca. No estoy muy seguro sobre Azlan, sin embargo…

  2. Harry Potter no aparecía en mi lista porque se trataba de ‘mis’ lecturas juveniles. La segunda lista eran recomendaciones para 1º de Bachiller y ya quedaba fuera de sus preferencias. Lo mismo ocurría con Laura Gallego, a quien recomiendo vivamente en todos los cursos de la ESO.
    Como dices, los clásicos no son libros para empezar (a veces, ni siquiera adaptados). Todo en esta vida necesita de un aprendizaje previo y la lectura más aún, porque es costosa y sólo rinde frutos pasado un tiempo. Así que hay que ser cuidadoso con las lecturas que recomendamos, pues es habitual oír a los alumnos: ‘Vaya rollo de libro que me han obligado a leerme’; y en ocasiones tienen mucha razón.
    Un saludo.

  3. Aslan, amigo Mornatur, me temo que ya nunca podrá ser tan grandioso como lo era cuando sólo estaba hecho de palabras. Algo parecido le ha sucedido al Señor de los Anillos, contaminado ya para siempre por el punto de vista individual y poderosamente mediático de la película.
    Un saludo para ti también, Antonio, y decirte que con quien tengo la más viva polémica sobre Snape es con una chica de Bachiller, aunque es verdad que ella empezó a leer a Potter mucho antes.
    Me parece que el amor a la lectura es una simiente que hay que plantar muy temprano. Para cuando los muchachos llegan a Bachiller la tierra podría ser ya baldía. A esa edad se pueden descubrir maravillosas obras, algunas incluso clásicas, cuando las ganas de leer hace tiempo que acompañan.
    ¿No habría que elaborar una lista con lecturas que leerles a niños de entre 8 y 10 años? Ya sé que en los colegios dicen que a esos años hay que ponerles a leer solos pero no estoy muy de acuerdo con esa idea, opino que al tener que escuchar nada más es más fácil que vuele la imaginación, y la entonación más experta de un adulto ayudaría a que el niño se enganchase mejor con la historia y empezara a ver las posibilidades de un futuro lleno de ellas.
    ¿Aceptaríais un meme con esta propuesta?

  4. Ese es otro de los males de la sociedad moderna. Pocos padres/madres dedican tiempo a leer cuentos a sus hijos. Es fundamental que su oído esté acostumbrado a las voces de los personajes, del narrador, a la entonación, al suspense…
    Leer cuentos a los hijos no es garantía de que se conviertan en lectores, pero sin duda les abre las puertas a un mundo distinto.
    A ver si sacamos tiempo y nos ponemos a buscar esas lecturas infantiles.

  5. Un poco tarde, pero concuerdo, acerca de esto.
    No se allá, pero acá noté que existen otros problemas con el tema de “la lectura impuesta”.
    Yo personalmente debo decir que odié con toda mi alma leer libros como Moby Dick, relato de un náufrago, el curioso incidente de un perro a la medianoche (¡¡que basura de libro!!), Edipo (Antígona era más interesante), entre otros; pero aún así los leí, de mala gana, tardando más de lo usual (¿nunca les pasó tardar más de lo usual en leer una página de un libro “malo” o “impuesto”?), distrayéndome, aburriéndome, pero los leí, les di “la oportunidad” (y fracasaron en muchos casos…). Pero a pesar de eso, noto con preocupación que son cada vez menos (por suerte hay varios todavía) los que le dan esa “oportunidad”.
    A lo que me refiero es que muchos de mis compañeros ni siquiera leen los libros, este año por ejemplo, muy pocos leyeron los libros dados (si leen, leen los cortos), y no lo hicieron hasta como finales del ciclo cuando tenían que pasar de año.
    Tal vez, esa imposición de libros, combinado con los otros factores que pusieron (poco incentivo por parte de los padres, lectura a los chicos, etc.) hacen que muchos no le den la oportunidad, no les interese….y debo confesar, que yo mismo sufro cada día que pienso que en el 3º año del polimodal voy a tener que leer cien años de soledad, les juro que sufro cada vez que pienso en eso….pero bueno, le daré esa oportunidad espero, aunque estoy casi convencido que irá a parar a mi lista de odiados como los otros libros de ese autor….veremos…

    En cuanto a mi, no soy de leer mucho, aunque disfruto de una buena lectura de vez en cuando, por ejemplo hoy aproveché que estaba enfermo para leerme un libro que me regalaron hace poco, corto, pero interesante, “Relatos de los campamentos militares” de Doyle, me gustaron mucho los tres últimos (como el de “los tres corresponsales”).
    Además tengo varios libros acumulados que leer y siempre está en el verano, ese libro de la escuela (Aclaro: leer libros de la escuela a veces es una traba a leer los que interesan realmente…pero bueno, es el deber), este año me toca leer “Crónica de una muerte anunciada” (¡¡¡ese autor me persigue…..y lo odio cada vez más!!!).

    Y para finalizar este post termino diciendo que mis padres me leían, y disfrutaba mucho, por ejemplo, de las lecturas que me hacia mi papá, a veces me leía “Cuentos para leer y contar” de Susana R tzcovich (una antología de cuentos para distintas edades….como me gustaba el garbanzo peligroso, el grillito perdido…este post me hizo releerlos de aquel viejo libro), otras veces me leía las aventuras de los Odos (unas simpáticas criaturas, escritas por una persona que muchos años después conocí en mi escuela), y otras veces inventaba las historias de salamín y chocolate, dos perros que ya había inventado el padre de mi padre, y que el nos las pasó a mi y a mi hermana, eran muy tontas, pero cuando uno es chico eso no importa y apoyo lo dicho por niki sobre “la entonación más experta de un adulto”, todavía tengo en mi mente la voz de mi papá leyéndome, lee muy bien la verdad.
    Sin esos libros y esas lecturas creo que jamás hubiese leído el Hobbit, el Señor de los Anillos (esa es una saga que quisiera releer, en cuanto lea lo que me queda me voy a dedicar exclusivamente a eso) las crónicas de Narnia (concuerdo sobre las películas…), Sherlock Holmes, libros de historia, libros que me regalan y leo para ver de que tratan, o las originales aventuras de Artemis Fowl, que aún hoy leo (la fantasía me encanta), la Odisea (me gustó bastante), Fahrenheit 451 y el hombre ilustrado (muy bonitos), y todavía quedan muchos más (que lei y que leeré).

    Bueno, no molesto más que me parece que ya escribí mucho, así que Saludos.

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