La ley del silencio

          Marlon Brando es un estibador, un ex boxeador, un hombre un poco bruto y simple al que le gustan las palomas. Eva Marie Saint es la hermana de la última víctima del hampa portuario. Ella tiene claras sus lealtades pero él no, su hermano mayor es la mano derecha del cabecilla del hampa. 004577_23.jpgParten de puntos opuestos pero las circunstancias les acercan. En un momento dado hablan, de su infancia, de su pasado. El suave, discreta, infantilmente, le coje un guante que a ella se le ha caído -parece ser que fue una situación improvisada-. Se nota que hace mucho frío junto al mar. El se sienta en un columpio y se lo pone. Le queda pequeño. Siguen hablando. Ella desea irse pero no puede, él tiene su guante. El lo sabe, a través del guante la retiene. Siguen hablando. Ella mira su guante en la mano de él. Se va poniendo nerviosa. El se quita el guante y ella con un gesto un poco precipitado que la pone en evidencia, lo coje y se separan. 

          La tensión contenida de esta secuencia es elevadísima, podemos percibir el frío intenso y el ardor dentro de los personajes, su tremenda desazón emocional. La atracción mutua apenas acaba de comenzar y la consciencia de todo aquello que se interpone es aguda, aún infranqueable. Sin embargo hay en ellos, en ambos, un grado de inocencia difícil de explicar pero muy real y evidente. Los dos han estado, en cierto modo, alejados de la sordida vida portuaria, ella en un internado, él bajo el ala de su hermano mayor. Conceptualmente -incluso estéticamente- son personajes muy diferentes, solos en un parque vacío, maravillosa, gélidamente gris. Ella recupera su guante pero percibe que es él quien más lo necesita. A cambio, acabará dándole su amor. El tiene el gesto atento, en un hombre como él -como son todos allí- inusitado y paradógico, de recoger su guante y luego de jugar un poco con él. Revela así su fondo de ternura, el principio del cambio que se produce en él y que le llevará a recorrer el largo camino hacia la verdad de sí mismo, de su hermano y del mundo exterior.

          Ambos actores -ella primeriza- están en estado de gracia. 1150.jpgSi a eso sumamos el talento indudable de Elia Kazan, la extraordinaria fotografía de Boris Kaufman y la música de Leonard Bernstein, por no mencionar a los extraordinarios actores secundarios, tendremos una de las mejores películas de la historia del cine.  

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