Cuento ultracorto

Aquí y ahora, también.

Fui yo, pensé.

Dije: “Fue él.”

Sonaron disparos y la historia enmudeció.

Amanecía.

          Recuerdo bien cuando gané el concurso de cuentos ultracortos organizado por “Los encuentros literarios” ovetenses de 1994. De aquella no me había presentado antes a ningún premio ni publicado nada, aunque hacía años que escribía. Tampoco conocía a otros escritores y mi modo de sentir hacia el hecho de la creación literaria y el arte en general era muy diferente. Inmaduro, ante todo. Escribir un cuento tan corto -debía tener máximo cinco líneas- me parecía una meta asequible, aunque luego me di cuenta de la extrema dificultad del asunto. Si quería que el cuento cumpliera con las normas básicas de estructura argumental, el tan manido trío de planteamiento-nudo-desenlace, tuviera alguna pincelada descriptiva y además no pareciera que estuviera “explicando” algo, debía esforzarme al máximo.

          Para mi alegría y satisfacción, gané el concurso. Pero eso no fue lo más importante, sino que creo que aprendí una norma básica de pureza, de epifanía y de sacrificio que desde entonces siempre he procurado poner en práctica en mis relatos. No hay que olvidar que Faulkner dijo: “Kill your darlings”… 
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