Quitamiedos terroríficos

          Valga la aparente paradoja.

           Hace unas semanas Rafa y yo fuimos a dar un paseo a Las Enguinzas, una hermosa zona de lapiaz de media montaña cuya cumbre máxima es de un poco menos de 1000m. Se accede por la carretera que va de Liérganes al portillo de Lunada, en Cantabria, y tomando el desvío que lleva al pueblo de Miera o La Cárcova. Este último tramo de la carretera es espectacular pues sube haciendo eses para salvar el desnivel desde el río Miera y su angosta garganta hasta el balcón donde está colocado el pueblo. La visibilidad en las curvas es casi nula y la pendiente acusada, por lo que resulta peligroso circular por allí. Si te sales y no te frena la vegetación es para matarse fijo. Así pues, el que conduce no puede quitar ojo, mientras que el que acompaña, en este caso yo, disfruta de unas vistas estupendas.

          Se habrá deducido ya que íbamos en coche. Pero más de una han sido las veces que hemos subido y bajado en bicicleta.

          Así que enseguida apreciamos en toda su magnitud el gran cambio que había sido realizado en la carretera. Le han colocado pretiles. Esto, que en un principio tendría que ser una gran noticia, no lo es en absoluto, pues los han puesto de “corte tradicional”, es decir, de los que te cortan en pedazos si vas a dar contra ellos. Según la norma UNE 135900 del catálogo AENOR, los quitamiedos deben cumplir una serie de condiciones que supongan el no daño, la no desmembración y el no traspaso al otro lado de la persona -motero o ciclista- que impacte contra ellos. Los recién inaugurados “quitamiedos” lo que hacen es quitarte la respiración, pues relucen como navajas de barbero esperando a un cliente.

          Ya se sabe lo que hay. La “pela” es la “pela”, que se suele decir, aquí y en todas partes. Y ya sabemos que en este riconcito apartado de la mano del politiqueo -o, quizás sea mejor decir, “magreado” por él-, en esta Cantabria nuestra tan infinita que vete tu a llegar a sus confines, poner un pretil maqueado de madera es cosa poco probable salvo en lugares de interés turístico, no se vaya a cortar el pie algún británico y acabe en el Hospital de Valdecilla, actualmente en estado de caos a causa de divergencias ante todo económicas con el gobierno, cagándose en el té y diciendo que nunca más cruzará en el Ferry a gastarse aquí sus dineros.

          Ya sabemos todos lo que hay. También sabemos que se le han soltado 11.000 millones de las antiguas pesetas al Racing para que no descienda de categoría y nos hunda a todos en la vergüenza futbolística, a la que somos tan sensibles.

          Finalmente, qué más dará que la imagen más que mágica e idílica de una postal de Sísifo en que sale esa carretera a Miera ya no se pueda repetir.

          Antes se decía que “hasta que no se mate alguien…”. Incluso eso está obsoleto. La gente se mata y amputa a diario con esos pretiles terroríficos y antiestéticos pero a nadie parece importarle.

          Sólo sé que en el país de “el que no corre, vuela” yo no bajaré más en bici por esa carretera.   

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