Vista la manifiesta voluntariosidad de un compañero de la blogosfera educatica en su comentario a mi anterior post -yo me animo con poco, incluso en época de exámenes- propongo el siguiente meme complementario a las listas de lecturas juveniles recomendadas y las listas de lecturas favoritas de los jóvenes: Diez títulos que leerles a los niños en la cama por la noche o a los alumnos en el aula.
Como éste es el primer meme que lanzo no estoy muy segura de la dinámica a seguir pero se me ocurre que habría que añadirle alguna acotación, como que la edad de los niños sea inferior a diez años, y, para compensar, un amplio margen de libertad genérica (valen cuentos, novelas, poemas…) y no demasiado purismo, es decir, sirven obras adaptadas.
En el origen de esta idea está mi sincera preocupación por ayudar a crear lectores de forma práctica y efectiva, además de contrarrestar algunos de los perniciosos efectos de los planes oficiales de educación (esa manía de las lecturas impuestas) y de la actitud general de la sociedad, padres incluidos, hacia los niños, delegando en el colegio la mayor responsabilidad de su educación y en las maquinitas, la tele y las famosas actividades extraescolares la ocupación de su tiempo libre. Como ya he dicho en un post anterior, en los colegios inciden en el hecho de que hay que dejar solos a los alumnos, tanto para hacer deberes como para leer. Con demasiada frecuencia oigo aquello de que ya van teniendo edad de ocuparse de sus cosas, hay que fomentar la responsabilidad y procurar la madurez como actitud. Recuerdo haber comentado con otros padres el gran cambio que se produce en nuestros hijos cuando salen de Educación Infantil e ingresan en las filas de Primaria y coincidimos en observar que, de repente, hemos ”perdido” al supuesto “niño” que fue. La palabra madurez asusta y al mismo tiempo parece llenarnos de una extraña satisfacción. Y, efectivamente, dejamos solos a los niños. Y yo me pregunto, ¿qué madurez precipitada e ilusoria es esa si no la que lleva a “como un fruto maduro, caer y ser devorado”, como decía Gibran Khalil Gibran? Curiosamente, luego la vida va y se venga, aunque sea de forma indirecta: nunca antes los jóvenes adultos fueron más inmaduros, nunca antes han prolongado tanto la estancia en la casa paterna.
En fin, ahí va mi listado. Se basa, lógicamente, en la experiencia que tengo con mi propio hijo y está, por lo tanto, adaptada a su idiosincrasia.
* El león, la bruja y el armario, de C.S.Lewis (preferiblemente si no ha visto la película)
* ¡Qué asco de bichos!, El cocodrilo enorme y El dedo mágico, de Roald Dahl (historias en verso e historias gamberras)
* Mitos griegos, de Marcia Williams (en plan comic para que haya mucho que mirar también)
* Kazán, de James Oliver Curwood
* El Libro Móvil de Cuentos de Fantasmas, en Ediciones Destino (con adaptaciones de cuentos de Bram Stoker, E.A.Poe y otros; incluye páginas ilustradas desplegables)
* Las garras del gato fantasma, de Thomas Brezina (15 casos interactivos para pequeños detectives )
* El ferrocarril de Rigoberto, o cualquiera de los libros de la colección El Zoo de las Letras, de la editorial Bruño (para los más pequeños, les ayudará, además, a reconocer las letras )
* El hobbit, de J.R.R.Tolkien
* La isla del tesoro, de R.L.Stevenson (en versión adaptada o no)
* La historia interminable y Momo, de Michael Ende
Si no he incluido ningún libro de Harry Potter es porque tienen demasiados diálogos que, a mi modo de ver, causan siempre problemas en una lectura en voz alta. Funcionan mil veces mejor cuando se leen para uno mismo.
En cuanto a cómo leer las historias más largas o complicadas, recomiendo echar mano de la improvisación para salvar cualquier obstáculo que interrumpa la fluidez de la narración: sustituir sobre la marcha palabras que consideramos no van a ser entendidas o puedan crear confusión por otras más sencillas, aligerar párrafos demasiado largos si vemos que asoma el tedio o el sueño, y, ante todo, no dar la sensación de que se está leyendo la historia sino de que se está contando, cosa muy distinta.





