Cuando sumas el Hamlet y el Macbeth de Shakespeare; la semántica y la lexicografía; a Ishiguro, a Byatt y a Zadie Smith; todo lo que va desde Roland Barthes, Foucault y Derrida hasta Frantz Fanon; toda la literatura poscolonial en lengua inglesa habida y por haber; canapés de La Celestina, el Lazarillo, Garcilaso, Góngora, Calderón, Moratín, Bécquer, Unamuno, Lorca y Blas de Otero; la historia del Reino Unido y de EE.UU.; un pan de Alemán arriba y otro abajo; y todo ello aderezado con una indigerible salsa gramatical, el tentempié resultante se llama CIPRALEX.
Dígale usted ADIÓS a la ANSIEDAD, y luego váyase tranquilo a cumplir con su jornada laboral.






Jajajajajaja, ¿cipralex contra la depresión? No se si tomarlo como un texto cómico o trágico. En parte porque el título me hace acordar de la frase “los años no vienen solos” que a veces usa mi madre.
Saludos Niki, suerte.
Saludos, Francisco.
Es este un texto agridulce, pero no está mal mezclar los sabores y los sinsabores.
Está muy bien esa frase de tu madre. Qué razón tiene. Y cuantos más años, más compañía. El caso es que sea de la buena.