Archivos para Julio 2007

09
Jul
07

Integración

El otro día me pasó una cosa curiosa. Esperaba a que abrieran el videoclub para devolver una película que había alquilado y como tardaban decidí tomarme un café en el bar de al lado.

Allí estaba Casio, el enterrador.

Antes de proseguir diré que el pueblo donde vivo, Soto de la Marina, en las afueras de Santander, es el típico núcleo de población rural que ha sido invadido por urbanizaciones, convirtiéndose en una pequeña ciudad dormitorio. Al estar en la costa está muy cotizado y la población que ha venido a sumarse a lo que eran unos pocos ganaderos y agricultores con fincas de toda la vida, es sobre todo de profesionales de clase media alta con un pequeño jardín. Un particular abismo separa a los unos de los otros de modo que el contacto entre ambos grupos es escaso, aunque las vidas discurran paralelas. Es decir, todos nos encontramos en los tres bares, en la carnicería, en el quiosco y los que van a la iglesia, pues allí. Hace diez años que vivo aquí -el cómo llegué es una larga historia- y si añadimos a eso mi aspecto de guiri se deduce fácilmente que de ninguna manera cuelo por una lugareña.  

Sin embargo, el otro día, cuando fui a pagar el café la camarera me dijo que el enterrador me había invitado.

A Casio le conozco de vista y de un hola-hola cortés desde que llegué, pues el cementerio está justo detrás de mi urbanización. Sorprendida, me acerqué a él a darle las gracias. Él contestó algo casi ininteligible -es muy mayor y casi no tiene dientes- y yo salí del bar. Como los del dichoso videoclub aún no habían llegado, me apoyé en la puerta a esperar mientras hojeaba un comic que le había comprado a mi hijo. En esto salió Casio y se paró delante de mí.

Empezó preguntándome por mis padre, que qué tal estaban. Le dije que bien, aunque me chocó pues mi padre murió hace años y jamás puso un pie en este pueblo. Pero en fin. Luego me preguntó por mi hermana. Aquello ya me pareció demasiado, teniendo en cuenta que soy hija única. No poco me costó que aquel buen hombre comprendiera que no hablaba con quien él creía y con quien, está claro, hacía años que me confundía. Tras darme minuciosos detalles sobre mi doble a modo de justificación, derivó hacia lo suyo, es decir, a explicarme cómo hay mármoles mejores y peores, que se pican o no de moho, y cuál es el que él recomienda para un nicho y cuál para un tumba corriente. Un poco incómoda pero siempre sonriente, aproveché un breve lapsus para abrirme.

Una vez en casa empecé a pensar en este asunto, en lo agradable que me había parecido que alguien del pueblo me invitara, aunque fuera el enterrador, y en que todo se debía a una lamentable confusión. No sólo no me sentí integrada sino invasora, pues ahora los de fuera somos mayoría y además jóvenes, mientras que los de aquí de siempre se van haciendo ancianos o se marchan. Semejante destino es irrevocable. Y cuando los de aquí desaparezcan del todo, el pueblo perderá su identidad.

Pero ahí no ha quedado la cosa. Esta mañana paré de nuevo en el bar, con una amiga que tampoco es de aquí aunque también vive aquí. Yo entré primero mientras ella hacía una gestión en el banco. Vi a Casio y, como es mi costumbre, le saludé. Luego vino mi amiga. Al poco Casio se marchó. Cuando fuimos a pagar descubrí que mi café, de nuevo, estaba pagado.

Y esto, ¿significará lo que yo creo?  

08
Jul
07

Cosas que hacer un domingo nublado por la mañana

De blog en blog y tiro porque me toca, que para eso es domingo y estamos en vacaciones -para mí relativas, esa es la servidumbre de no ser funcionaria de la educación-, aprovechando que está nublado aquí en Cantabria -hace, de hecho, un verano genuinamente cántabro- y que mi casa los domingos pasa de fregoteados, me he puesto a navegar un poquito por la ribera hachetemelénica y he descubiertos alguna cosilla muy interesante y útil -sobre todo útil- sobre mí -los domingos ejercito la vanidad- que pienso chivaros para que me conozcais todos mejos -se nota, lo de la vanidad-.

Empezaré diciendo que yo soy Légolas. Aunque, en realidad, no me llamo así sino Eámanë Lúinwë, alias Bramblerose Tightfield of Tookbank. Sorprendidos, ¿verdad? Tan extraordinarios orígenes, sin embargo, no me han hecho un ser excepcional, más bien al contrario, pues resulta que soy 74%adicta a la blogosfera, lo cual no sé si tendrá algo que ver con que sólo tengo un 36% de posibilidades de sobrevivir a un apocalipsis zombie.

Por supuesto, el resto de la mañana lo he dedicado a… ¿bloguear, construirme un refugio antizombies, intentar regresar a la Tierra Media?

07
Jul
07

Lugares, lugares, lugares…

Pereza, gran pereza del verano… Pero como lo prometido es deuda, y en este caso muy gozosa, bloguearemos… 

Panta ha lanzado un para mi irresistible nuevo meme sobre lugares literarios que servirá para evocar, una vez más, esas obras de la literatura universal a las que nos sentimos más vinculados. Pues, qué duda cabe, a veces los lugares son coautores de las obras en tanto en cuanto alcanzan un valor en sí mismos superior al de cualquier personaje, condicionando el decurso de los acontecimientos incluso más allá de la voluntad del autor. 

Como introducción a mi propia lista propongo el terrible elogio de un lugar que hace C.P.Cavafis en su poema  La ciudad, 1910.

Dijiste: “Iré a otra tierra, iré a otro mar.

Otra ciudad ha de haber mejor que ésta.

Cada esfuerzo mío es una condena dictada;

y  mi corazón está -como un muerto- enterrado.

¿Hasta cuándo seguirá mi alma en este marasmo?

Adonde vuelva mis ojos, adonde quiera que mire

veo aquí las negras ruinas de mi vida,

donde pasé tantos años que arruiné y perdí”. 

                    …

No hallarás nuevas tierras, no hallarás

otros mares. La ciudad te seguirá.

Vagarás por las mismas calles.

Y en los mismos barrios te harás viejo;

Siempre llegarás a esta ciudad. Para otra tierra -no lo esperes-

no tienes barco, no hay camino.

Como arruinaste aquí tu vida,

en este pequeño rincón,

así en toda la tierra la echaste a perder.

Y a continuación, la lista. Me he tomado la licencia de añadirle algo al meme de Panta, unas breves líneas sobre cada lugar mencionado, extraídas de la obra misma. Los lugares, me excuso, me lo han pedido… Continuar leyendo ‘Lugares, lugares, lugares…’

03
Jul
07

Pirateando

Hace poco he tenido ocasión de ver Piratas del Caribe 3, llevada de la mano de mi hijo de diez años. En su día también vi -y compré- las dos anteriores partes de la saga y admito pasármelo muy bien con la primera, que es la que a mi hijo menos le gusta porque salen menos monstruos. Normal.

Tendría muchas cosas que decir acerca de esta tercera entrega, pues una vez que hube renunciado a comprender el nudo gordiano de traiciones y alianzas inverosímiles, y habiendo empujado con el dedo índice de mi mano derecha la mandíbula inferior hacia arriba para que se me cerrara la boca ante el despliegue de efectos especiales, ya sólo quedaba comerse los restos de palomitas y aplicar el ojo crítico para no aburrirse durante el resto -y qué resto, largo como un día sin pan- del metraje.

Y en esto que llega la escena en que se reunen en una lengua de arena por un lado el Oficial Inglés Malo, Octopussy Jones y Blooming Bloom y por el otro La Chica, Barbosa y el Inefable Depp-Sparrow. Avanzan los unos hacia los otros como si de un duelo se tratase. Y de fondo… ¿una intertextualización musical? ¿un homenaje? ¿una casualidad?… No, lo más cercano al plagio sin llegar a ser un plagio de la banda sonora de Once upon a time in the west, 1968, obra maestra de Sergio Leone, dónde, una vez más, tuvo la colaboración del gran compositor Ennio Morricone. En concreto se basa en la escena del principio del duelo final entre Charles Bronson y Henry Fonda. ¡Casi esperaba oir sonar una armónica!

En fin, qué duda cabe… Los piratas están de moda.




DIARIO DE VIAJE POR MUNDOS UTÓPICOS
"...that blessed mood, in which the burthen of the mystery, in which the heavy and the weary weight of all this unintelligible world, is lighted... ...while with an eye made quiet by the power of harmony, and the deep power of joy, we see into the life of things." Wordsworth's Tintern Abbey, 1798

Utopía…

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