El sábado pasado fue la noche de San Juan. Desde que vivo aquí, junto a la playa de San Juan de la Canal, me gusta asistir a esta celebración, ver la gran hoguera al borde del acantilado, los fuegos artificiales que tiran desde el otro lado de la playa, cerca de la punta de Los Pilis, y el frío Cantábrico mecerse en la oscuridad. La noche repleta de luces.

Hasta hace unos años, pocos, esas luces en la noche solían emocionarme, tanto si pertenecían a una hoguera, a unos fuegos artificiales o al alumbrado de navidad. Eran luces y fuegos que prendían fuegos y luces empáticos en mi interior que me conminaban a sonreir mientras los ojos se me llenaban de lágrimas que no era capaz de explicar ni reprimir. Acaso fuera la fantástica belleza de tantos colores estallando en el cielo, o un sentimiento atávico de alivio y seguridad, alegría al cabo, ante el cálido resplandor del fuego, o la nostalgia de la infancia deslumbrada por el árbol de navidad, anticipo de felicidad y regalos.
Pero poco a poco esa emoción se ha ido aplacando. La he gastado quizás, de tanto usarla. Estos últimos fuegos han ardido más lejos y los colores no me han impresionado ya, algo que me venía temiendo desde las pasadas navidades, cuando no tuve ganas de bajar a la ciudad.
Sé que algo muy importante se ha perdido. Y más que tristeza, lo que tengo es miedo. ¿Seré capaz de desmantelarme entera para poderlo recuperar?
And the ship went out into the High Sea and passed on into the West, until at last on a night of rain Frodo smelled a sweet fragrance on the air and heard the sound of singing that came over the water. And then it seemed to him that as in his dream in the house of Bombadil, the grey rain-curtain turned all to silver glass and was rolled back, and he beheld white shores and beyond them a far green country under a swift sunrise.
And he went on, and there was yellow light, and fire within; and the evening meal was ready, and he was expected. And Rose drew him in, and set him in his chair, and put little Elanor upon his lap.








