Archivos para Mayo 2007

26
May
07

Los tejos

     -Lo cierto es que un día tuve miedo. Pero es una vieja historia.

     -Que nunca me has contado…

     -Que no me gusta contar.

     -¿Es que tuviste algún percance?

     -Hace tiempo el miedo no era una emoción extraña para mí, al menos dentro de ciertos parámetros. Corría muchos riesgos en la montaña sin que el miedo se convirtiera en un factor determinante. Se siente, sí, pero se racionaliza, nunca permites que te desarme.

               El asintió, animando a su amigo a proseguir.

     -Fue el último sábado del año que tú estabas estudiando en Madrid- dijo Rodrigo, acercándose a la mesa iluminada a rellenar ambos vasos de whiskey, aunque aún estaban mediados, y volver después a su sitio de antes, en la penumbra de la estantería.- Sara estaba enferma, resfriada creo, y yo estaba solo. Se me ocurrió hacer una ruta corta, los días de diciembre no dan para más, aunque aquél era soleado, soplaba de sur y yo tenía muchas ganas de hacer algo, lo que fuera. Un conocido, un tipo práctico de los que no se dejan impresionar, me había hablado de ese lugar con entusiasmo. Desde lo hondo de un estrecho valle subí por una pista hacia los puertos altos, donde estaba la entrada al desfiladero. Según me acercaba encontré la primera nieve. La temperatura era bastante baja allí. Siempre ascendiendo recorrí el desfiladero crecido de robles y hayas, y cuando acabó el arbolado continué entre rocas y brezos hasta alcanzar un collado. Desde allí, al otro lado del alambre espino que marca las fronteras entre municipios, parte un sendero hacia la cima oeste. Al principio no conseguí dar con él, oculto bajo toda la nieve. Sestea ladera arriba y luego desciende un poco hasta una pequeña braña más allá, donde crece un bosquecillo de tejos. Algunos de ellos tienen más de mil años.

              Rodrigo volvió a quedarse callado y ambos bebimos unos minutos en silencio. Al cabo, continuó con su historia.

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23
May
07

El soneto 73 de Shakespeare

That time of year thou mayst in me behold
When yellow leaves, or none, or few, do hang
Upon those boughs which shake against the cold
Bare ruined choirs, where late the sweet birds sang.
In me thou seest the twilight of such day
As after sunset fadeth in the west;
Which by and by black night doth take away,
Death’s second self that seals up all in rest.
In me thou seest the glowing of such fire
That on the ashes of his youth doth lie,
As the deathbed whereon it must expire,
Consumed with that which it was nourished by.
   This thou perceiv’st, which makes thy love more strong,
   To love that well, which thou must leave ere long.
                                                                                  1609shakespeare_w.jpg

Vínculo al análisis de este poema.

Para cercos que se van cerrando, este soneto, acaso uno de los más bellos de la literatura universal. El tiempo va cercando al amor y a sus posibilidades: primero es una estación, luego un día, finalmente las pocas horas de existencia de un fuego. El inevitable acoso de la vida, es decir la muerte, se cierne sobre el poeta que, sin embargo, aún defiende una fortaleza que sabe perdida de antemano. El tiempo concedido -por la vida, por la juventud y la belleza- es cada vez más breve así que carpe diem, venga ese fulgor, y en el ámbito protegido por la voluntaria ignorancia, por el voluntario olvido, ¡arde!

20
May
07

Mirando la naturaleza

00friedrich.jpg

Este cuadro de Gaspar David Friedrich (1774-1840) llamado “El Monje” siempre me ha fascinado.

Una figura humana -que el pintor llama monje acaso por su actitud contemplativa ante la inmensidad del mundo, por su supuesta admiración ante la vasta creación divina, pero que podría, dada la lejanía e indeterminación, ser un hombre o una mujer cualquiera- está de pie, de espaldas, al borde del fin del mundo, al principio de un mar ignoto y un cielo infinito.

La tierra que pisa, esa tierra última, está yerma, desolada, parece roca viva. El mar está picado, amenaza o por lo menos advierte a la figura que se ha acercado a contemplarlo. El cielo muestra una neblina oscura que se abre para mostrar el azul más allá o que va a cerrarse para ocultarlo.

Los tonos empleados son fríos y hostiles y sugieren una naturaleza ajena a concepciones cristianas, un mundo que se pertenece a sí mismo y existe al margen de un posible creador.

La persona que lo contempla enfrenta y mide contra el paisaje su racionalidad y su fe. Es una figura pequeña, el paisaje parece querer minimizarla. Sin embargo, no lo consigue. Advertimos algo indómito en ese ser, una voluntad que lo ha llevado hasta ese lugar y una fuerza que lo mantiene allí. El choque entre ambos, paisaje y figura, está servido, y el espectador está plenamente involucrado en ese choque, pues la figura de espaldas representa simbólicamente nuestra propia mirada.

El concepto filosófico de lo Sublime influyó de manera determinante en todos los ámbitos de la creación artística a partir del s.XVIII. Fue desde ese momento que el componente sentimental, que hasta ese proto-Romanticismo no había logrado competir con el racionalismo, se alzó tanto como ideal estético como en constituyente esencial del proceso creativo. Lo sentimental, lo emocional, lo irracional devienen conceptos con los que el hombre se familiariza en su interpretación del mundo. Paralelamente, lo sublime acerca al hombre al sentimiento de asombro que, si es exacerbado, se acerca a su vez mucho al terror. Un terror que, según Burke, es experiencia intelectual del misterio y de la grandeza, y que estéticamente está vinculado a la belleza. No ha de confundirse con el horror, una experiencia sólo física y demasiado explícita.

Friedrich es el gran pintor de lo Sublime. En su pintura, y en especial en esta obra, la angustia y el terror ante un espacio, la naturaleza, que hasta entonces no ha sido analizado convenientemente por el arte, se dan la mano con la belleza, hasta entonces demasiado centrada en el hombre.

Al mismo tiempo, en todo la cultura occidental, el hombre comienza a volverse hacia esa naturaleza ignorada, desconocida, impulsado por una necesidad nueva, la de encontrarse a sí mismo en ella, por oposición a ella o como parte de ella. Acaba de nacer una nueva Utopía. 

Friedrich es sólo el principio, la primera mirada. 

    

18
May
07

El tamaño sí importa, pero…¿cuál?

          De entre toda la maravillosa poesía visual que David Lean desplegó en “La hija de Ryan” entresacaré un hilo dorado.

ryansdaughter.jpg

          Charles sospecha que su mujer, Rose, le es infiel con el mayor Doryan. Una mañana lleva a sus niños -él es maestro- a la playa a buscar jivias pero su sospecha le hace seguir unas pisadas en la arena que cree identificar como las de su mujer y su amante. Las pisadas llevan a unas rocas y una pequeña poza de agua. En la arena descubre y toca el vacío dejado por una concha que hace poco debió de estár allí. Entonces los ve venir paseando en un curioso flashback imaginado por él y en el cual él se integra, aunque ellos -Rose y Doryan- no le ven. Como tan bien dice Ramón Moreno Cantero en su libro sobre David Lean, “espacio natural y espacio mental quedan fundidos en la luminosa fisicidad del primero.” Charles ve cómo Doryan extrae la concha de la arena y se la entrega a Rose, que se la lleva al oído.

          Más tarde, cuando llega a casa, un nuevo indicio le hace sospechar: Rose le dice que no ha estado en la playa pero hay granos de arena en su sombrero. Entonces Charles, enloquecido, busca entre las ropas de su esposa, en el comodín del dormitorio. Bajo un camisón encuentra la concha delatora, ésta mucho más pequeña que la que viera con su imaginación.

          Por cómo evoluciona la película a partir de ese momento entendemos que la falta de fidelidad de Rose es muy grave a ojos de Charles y que está decidido a dejarla. Sin embargo el padre Hugh Collins, al despedirles cuando la pareja marcha a Dublín al final de la película, y habiendo sospechado las intenciones de Charles para con Rose, le dice:”Me imagino que se le ha metido en la cabeza la idea de separarse de Rose… Sí, y he pensado mucho en eso… Tal vez debiera hacerlo, tal vez, quién sabe, pero lo dudo. Y ése es mi regalo de despedida para usted: esa duda.” Luego empuja a Charles hacia dentro del autobús y cierra la puerta. El autobús arranca y el padre se queda mirando cómo se aleja por el desolado paisaje, diciendo “Que Dios le bendiga”. Junto a él está Michael, el tonto del pueblo. El padre dice “Ay, no sé…no sé, no sé… Vamos Michael.” Se dan la vuelta y se van en sentido contrario por el camino.

          Aquí acaba la película. Y mi pregunta es: ¿cuál es la concha que más importa, la grande que Charles veía en su imaginación o la que es pequeña y real? Y en función de eso, ¿se quedará Charles junto a Rose?

         

17
May
07

Otro meme de lecturas

          Vista la manifiesta voluntariosidad de un compañero de la blogosfera educatica en su comentario a mi anterior post -yo me animo con poco, incluso en época de exámenes- propongo el siguiente meme complementario a las listas de lecturas juveniles recomendadas y las listas de lecturas favoritas de los jóvenes: Diez títulos que leerles a los niños en la cama por la noche o a los alumnos en el aula. 

          Como éste es el primer meme que lanzo no estoy muy segura de la dinámica a seguir pero se me ocurre que habría que añadirle alguna acotación, como que la edad de los niños sea inferior a diez años, y, para compensar, un amplio margen de libertad genérica (valen cuentos, novelas, poemas…) y no demasiado purismo, es decir, sirven obras adaptadas. 

          En el origen de esta idea está mi sincera preocupación por ayudar a crear lectores de forma práctica y efectiva, además de contrarrestar algunos de los perniciosos efectos de los planes oficiales de educación (esa manía de las lecturas impuestas) y de la actitud general de la sociedad, padres incluidos, hacia los niños, delegando en el colegio la mayor responsabilidad de su educación y en las maquinitas, la tele y las famosas actividades extraescolares la ocupación de su tiempo libre. Como ya he dicho en un post anterior, en los colegios inciden en el hecho de que hay que dejar solos a los alumnos, tanto para hacer deberes como para leer. Con demasiada frecuencia oigo aquello de que ya van teniendo edad de ocuparse de sus cosas, hay que fomentar la responsabilidad y procurar la madurez como actitud.  Recuerdo haber comentado con otros padres el gran cambio que se produce en nuestros hijos cuando salen de Educación Infantil e ingresan en las filas de Primaria y coincidimos en observar que, de repente, hemos ”perdido” al supuesto “niño” que fue. La palabra madurez asusta y al mismo tiempo parece llenarnos de una extraña satisfacción. Y, efectivamente, dejamos solos a los niños. Y yo me pregunto, ¿qué madurez precipitada e ilusoria es esa si no la que lleva a “como un fruto maduro, caer y ser devorado”, como decía Gibran Khalil Gibran? Curiosamente, luego la vida va y se venga, aunque sea de forma indirecta: nunca antes los jóvenes adultos fueron más inmaduros, nunca antes han prolongado tanto la estancia en la casa paterna.

          En fin, ahí va mi listado. Se basa, lógicamente, en la experiencia que tengo con mi propio hijo y está, por lo tanto, adaptada a su idiosincrasia.

* El león, la bruja y el armario, de C.S.Lewis (preferiblemente si no ha visto la película)guiseppe.jpg

* ¡Qué asco de bichos!, El cocodrilo enorme y El dedo mágico, de Roald Dahl (historias en verso e historias gamberras)

* Mitos griegos, de Marcia Williams (en plan comic para que haya mucho que mirar también)

* Kazán, de James Oliver Curwood 

* El Libro Móvil de Cuentos de Fantasmas, en Ediciones Destino (con adaptaciones de cuentos de Bram Stoker, E.A.Poe y otros; incluye páginas ilustradas desplegables)

Las garras del gato fantasma, de Thomas Brezina (15 casos interactivos para pequeños detectives )                                                                                                

* El ferrocarril de Rigoberto, o cualquiera de los libros de la colección El Zoo de las Letras, de la editorial Bruño (para los más pequeños, les ayudará, además, a reconocer las letras ) 

* El hobbit, de J.R.R.Tolkien

* La isla del tesoro, de R.L.Stevenson (en versión adaptada o no)

* La historia interminable y Momo, de Michael Ende

          Si no he incluido ningún libro de Harry Potter es porque tienen demasiados diálogos que, a mi modo de ver, causan siempre problemas en una lectura en voz alta. Funcionan mil veces mejor cuando se leen para uno mismo.  

          En cuanto a cómo leer las historias más largas o complicadas, recomiendo echar mano de la improvisación para salvar cualquier obstáculo que interrumpa la fluidez de la narración: sustituir sobre la marcha palabras que consideramos no van a ser entendidas o puedan crear confusión por otras más sencillas, aligerar párrafos demasiado largos si vemos que asoma el tedio o el sueño, y, ante todo, no dar la sensación de que se está leyendo la historia sino de que se está contando, cosa muy distinta.  

15
May
07

El problema de la lectura.

          Está claro que existe un problema entre el contenido de las listas de lectura, como la maravillosa que ha elaborado El Tigre, y las vacilaciones manifestadas por algunos, entre los cuales me encuentro, acerca de lo posible o acertado de llevar esas obras al aula. Nadie duda de que La isla del tesoro sea una joya de la literatura juvenil y universal, y, sin embargo, se sabe que el éxito de proponerlo como lectura a un grupo genérico de adolescentes es más que dudoso. Las bondades literarias de los clásicos son indiscutibles pero abren el apetito a muy pocos. La obligatoriedad es de por sí mala política y enemiga extraliteraria encubierta del amor a los libros. Muchos de los que hemos elaborado listas y manifestamos habitualmente nuestra pasión lectora, o teníamos una inclinación innata o contamos en su día con una biblioteca y una dedicación familiar favorables, o tuvimos un encontronazo más o menos casual con ese libro en particular que estaba destinado a perdernos. Personalmente pienso que el que lleva en sí el gusanillo de la lectura y a ese bicho le cae a mano algo que comer, sea lo que sea, acabará por sentirle roer su corazón y que royendo, royendo, un día hincará el diente a un clásico.

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08
May
07

Haiku

En el muy interesante libro Conversaciones con Glenn Gould, de Jonathan Cott, me he encontrado, a modo de evocación del genial pianista, este haiku de Basho tan hermoso, tan hermoso, que casi hace llorar.

Cesó el campanario,

mas llega aún el sonido

de las flores.

08
May
07

Poemas de gatos: El gato de Thomas Hardy

Last Words to a Dumb Friend.

Pet was never mourned as you,

Purrer of the spotless hue,

Plumy tail and wistful gaze

While you humoured our queer ways,

Or outshrilled your morning call

Up the stairs and through the hall -

Foot suspended in its fall-

While, expectant, you would stand

Arched, to meet the stroking hand;

Till your way you chose to wend

Yonder, to your tragic end.

               .

Never another pet for me!

Let your place all vacant be;

Better blackness day by day

Than companion torn away.

Better bid his memory fade,

Better blot each mark he made,

Selfishly escape distress

By contrived forgetfulness,

Than preserve his prints to make

Each morn and eve an ache.

               .

From the chair whereon he sat

Sweep his fur, nor wince thereat;

Rake his little pathways out

Mid the bushes roundabout;

Smooth away his talons’ mark

From the claw-worn pine-tree bark,

Where he climbed as dusk embrowned,

Wainting us who loitered round.

               .

Strange it is this speechless thing,

Subject to our mastering,

Subject for his life and food

To our gift, and time, and mood;

Timid pensioner of us Powers,

His existence ruled by ours,

Should -by crossing at a breath

Into safe and shielded death,

By the merely taking hence

Of his insignificance-

Loom as largened to the sense,

Shape as part, above man’s will,

Of the Imperturbable.

               .

As a prisoner, flight debarred,

Exercising in a yard,

Still retain I, troubled, shaken,

Mean estate, by him forsaken;

And this home, which scarcely took

By his faring to the Dim

Grows all eloquent of him.

               .

Housemate, I can think you still

Bounding to the window-sill,

Over which I vaguely see

Your small mound beneath the tree,

Showing in the autumn shade

That you moulder where you played.

                                                    October 2, 1904.

05
May
07

Amores literarios

Veo que está muy de moda últimamente en la blogosfera educativa hacer listados de aquellos libros que en una más o menos lejana juventud despertaron ese hambre insaciable llamado amor a la lectura. Valgan como ejemplo un par de blogs que me gusta seguir de cerca: Cuaderno de clase y La bitácora del tigre.

La verdad es que las listas de libros suelen ser atractivas a la par que orientadoras programáticamente. En mi infancia, mi madre, gran lectora, tenía en mente -yo se lo notaba- una serie de obras que yo debía conocer y que, a ratos, ella me leía. Entre ellas recuerdo el poema El Piyayo, de José Carlos de Luna y Platero y yo, de J.R.Jiménez. Muy a duras penas incluyó en su lista el que era, por aquel entonces, mi poema favorito: La desesperación, de José de Espronceda. Cuando me lo leía, al tiempo se reía y claudicaba de mí.

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03
May
07

W.G.Sebald y las polillas

“Especialmente inolvidable, sin embargo, me ha resultado siempre lo que Alphonso nos contó entonces sobre la vida y muerte de las polillas, y todavía hoy profeso a esas criaturas, entre todas, el mayor respeto. sebald4.jpgEn los meses más cálidos ocurre no pocas veces que alguno de esos insectos voladores nocturnos se extravíe en mi casa, viniendo del trozo de jardín que hay detrás de ella. Cuando me levanto a la mañana temprano, lo veo todavía inmóvil en algún lugar de la pared. Saben, creo yo, dijo Austerlitz, que han equivocado su camino, porque, si no se los pone otra vez fuera cuidadosamente, se mantienen inmóviles, hasta que han exhalado el último aliento, efectivamente, se quedan, sujetos por sus garras diminutas, rígidas por el espasmo de la muerte, aferrados al lugar de su desgracia hasta después de acabar su vida, hasta que un soplo de aire los suelta y los echa a un rincón polvoriento. A veces, al ver una de esas polillas que mueren en mi casa, me pregunto qué clase de miedo y de dolor sienten sin duda en el momento en que se extravían”

Austerlitz, de W.G.Sebald, ed. Anagrama, trad. M.Sáenz. Pag.96

Sin duda éste es uno de los libros más extraordinarios que he leído, y también de los más complejos, por lo refractaria que resulta su lectura, y escurridizos, por su difícil categorización. Sin embargo, si uno se entrega sin reservas a su poderosa corriente -aunque uno tema que ese gesto tenga visos de suicidio literario- el universo al que te conduce es sin duda el del más íntimo pensamiento europeo y su realidad doliente, su preciosa carga de silencio, memoria, pérdida y horror. Como dice la contraportada, esta es la historia de un viajero solitario y melancólico. Pero el comentario se queda inevitablemente corto ante este viaje en pos de uno mismo y unos elusivos orígenes en el fondo de la fosa común europea en la que todos tenemos a alguien bien cubierto de tierra.

España, condicionada por una doble periferia geográfica y espiritual respecto a Europa, y lastrada, además, por una larga alienación política, acaso no empatice bien con esta obra, de la que he leído sobre todo crítica extranjera. A los amigos a quienes he recomendado su lectura no les ha gustado, de hecho lo han dejado al poco de empezar, y mi librera cómplice dejó caer alguna advertencia inespecífica; me conoce y sabe que cuando me pega el olfato soy muy terca. Pero el caso es que me encuentro sola con Sebald, mejor dicho, junto a Sebald, junto a Jacques Austerlitz, quienes me ofrecen su inquietante y perturbadora compañía.

De entre los muchos valores de peso de esta obra, voy a concentrarme en uno que considero la razón última de su gran originalidad. “El efecto ficcional es uno de los rasgos más inmediatamente característicos de la Literatura”, dicen A.García Berrio y T.Hernández Fernández en su obra Crítica Literaria. En la misma obra se menciona a T.Albadalejo y su teoría de los mundos posibles, donde establece la “ley de máximos semánticos, según la cual la presencia de componentes del mundo ficcional inverosímil arrastra necesariamente hacia el efecto ficcional no realista a cualesquiera componentes de realidad que incluya un relato”. Es decir, el componente ficción, por muy leve que sea, es capaz de contaminar el relato aparentemente más fidedigno. No es difícil advertir la presencia de ese elemento y distinguir entre una obra de ficción y unas memorias, una autobiografía, una obra de carácter histórico o un ensayo. Sin embargo el talento de Sebald convierte a “Austerlitz” en una obra que sin ceder un palmo de su literariedad o ficcionalidad está plenamente imbuida de un verismo tal que la frontera entre realidad y ficción se llegan a diluir e incluso borrar por completo. De ahí el asombro – y también el recelo- que produce encontrarse caminando de ciudad en ciudad de la mano del personaje, mirando las fotografías que ha ido sacando durante sus viajes o las que se ha encontrado, de las que el libro tiene variado repertorio, oyendo hablar de gentes y sucesos de incuestionable aunque injustificable veracidad, y convirtiéndose en depositario de la experiencia íntima de un ser que nos habla con la misma confidencialidad desnuda con que se hablaría a sí mismo.

Una última pregunta abierta: de ser así, ¿no consigue que yo sea él -y en una carambola subliminal, ambos seamos polillas perdidas en una pared-,  haciendo que se toquen dos extremos en apariencia excluyentes recíprocamente, la hiper-realidad y la hiper-ficción?    




DIARIO DE VIAJE POR MUNDOS UTÓPICOS
"...that blessed mood, in which the burthen of the mystery, in which the heavy and the weary weight of all this unintelligible world, is lighted... ...while with an eye made quiet by the power of harmony, and the deep power of joy, we see into the life of things." Wordsworth's Tintern Abbey, 1798

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